PELIGRO: Nueva Era, Gnósticos y esotéricos

Libro: Jan Van Helsing - Las Sociedades Secretas y su poder en el Siglo XX

Autores: Osho, Pablo Coelho

Documental: Peter Joseph - Zeitgeist

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miércoles, 19 de abril de 2017

Obispo de San Sebastian, Mons. Munilla denuncia el pensamiento políticamente correcto de los políticos


Mons. Munilla denuncia que la clase política conduce a la sociedad hacia un pensamiento único
CONFORMADO POR LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Mons. Munilla denuncia que la clase política conduce a la sociedad hacia un pensamiento único

El obispo de San Sebastián ha escrito una carta en la que denuncia que «es un hecho constatable que los distintos partidos políticos caminan de una forma inexorable hacia un pensamiento único, conformado por lo políticamente correcto».

(InfoCatólica) El obispo vasco señala que «celebramos la Pascua de Resurrección en un contexto mundial en el que se respira un gran anhelo de paz», y se pregunta:
¿Pero acaso no será la paz una cuestión fundamentalmente política? ¿Es oportuno mezclar la resurrección de Jesucristo con una causa encomendada fundamentalmente a los gobiernos de las naciones? ¿La paz se juega, más bien, en el nivel de los retos sociales regulados por la acción política, o no estará más determinada por la educación moral interior del ser humano, que trasciende en cierta medida a las administraciones y los gobiernos?
El obispo indica que para alcanzar una paz verdadera, es fundamental la «educación moral y espiritual, en la que centró Jesucristo su predicación, llamando «bienaventurados» a los pacíficos, a los mansos, y a los que son capaces de responder al mal con el bien». 
Mons. Munilla advierte que «estamos asistiendo a la pretensión de construir los procesos de pacificación sobre la base de acuerdos «políticos», excluyendo o, cuando menos, minusvalorando la dimensión moral y espiritual de la realidad. Todos tenemos en mente el rechazo del requerimiento del arrepentimiento y de la petición de perdón por parte de los violentos a sus víctimas, bajo el argumento de que esos son conceptos religiosos y de conciencia, que no pueden ser invocados en el terreno social o político».
D. José Ignacio apunta cuáles son los obstáculos actuales para alcanzar esa paz deseada:
«...uno de los obstáculos principales el que nos enfrentamos a la hora de llevar adelante la construcción de la paz, es el «cómodo» olvido del principio de subsidiariedad por parte de la mayoría de la sociedad; al mismo tiempo que se da una continua injerencia de las administraciones públicas en el ámbito familiar y en las iniciativas sociales. De este modo caminamos hacia un modelo en el que cada vez hay «más estado» y «menos sociedad»; lo que en la práctica se traduce en «más normas» y «menos conciencia». Parece como si «mamá estado» o «papá estado», pretendiera construir, por su sola estrategia política, una sociedad justa y pacífica».
Y añade:
«En nuestros días, llama poderosamente la atención la gran virulencia del debate político, cuando es un hecho constatable que los distintos partidos políticos caminan de una forma inexorable hacia un pensamiento único, conformado por lo políticamente correcto. Se alimenta la falsa esperanza de que un hipotético vuelco político pudiera posibilitar la justicia y la paz, olvidando la existencia del «pecado original» 
Mons. Munilla explica que sin la conversión espiritual es imposible transformar el mundo para bien:
«..si ese «hombre viejo» que anida en cada uno de nosotros no es regenerado, el problema no será solo que estemos condenados a la impotencia para transformar el mundo; sino que la misma estructura política terminará por anular al hombre, a la familia, y a la misma sociedad».

Paz a vosotros (texto completo)

martes, 7 de junio de 2016

Elecciones 26 junio 2016 - A quién no votar

Criterios claros: sé a quiénes no voy a votar

En esta campaña electoral interminable, terriblemente cansina, puedo decir que tengo criterios claros. Sé a quién no voy a votar:
No voy a votar a ningún partido que promueva leyes que atenten contra la Ley de Dios. No voy a votar a ningún partido que sea complaciente o comprensivo con elaborto. No voy a votar a ningún partido que promueva medidas que atenten contra la familia o a partidos que sigan los dictados de la ideología de género. No votaré a ningún político que no entienda que la familia es la unión de un hombre y una mujer que se aman y deciden compartir su vida, traer hijos al mundo y educarlos.
No voy a votar a ningún partido que plantee la legalización de la eutanasia ni a ningún político que proponga que se pueda experimentar con embriones humanos o que sea partidario de la eugenesia o de cualquier otra medida que acabe asesinando o congelando a seres humanos inocentes, a quienes no se les concede ninguna oportunidad de vivir.
No voy a votar a ningún partido que pretenda arrebatarles a los padres su derecho inalienable a elegir el tipo de educación y de colegio que quieren para sus hijos, en función de sus principios, de su religión o de su filosofía de vida. No voy a votar a ningún partido que defienda que sea el Estado - o sea, el político de turno que ocupa el gobierno -  quien tenga el monopolio de educar a los niños.
Por supuesto, no voy a votar a ningún partido que sea abiertamente enemigo de la Iglesia y de los católicos. Ningún partido laicista, marxista, comunista (de cualquier pelaje) o anarquista cuenta con mi voto: ni con hoz y martillo, ni con corazones y sonrisas. Los anticlericales y anticatólicos van contra mí. Así que, obviamente, no los voy a votar.Los que aplauden cuando se profanan nuestras iglesias o cuando se cometen sacrilegios o cuando se asaltan capillas o cuando se hacen exposiciones blasfemas, son mis enemigos, porque son enemigos de Cristo. Todos estos - ya que tanto hablan de “memoria histórica” - son los dignos sucesores de quienes quemaron templos y asesinaron a miles de fieles por el mero hecho de serlo, desencadenando en los años treinta del siglo pasado una de las persecuciones más feroces de la historia contra los cristianos.
Tampoco votaré en ningún caso a quien se define como católico y legisla como masón; al que va a la procesión y aprueba leyes abortistas o acepta legislaciones contra la familia. A esos, tampoco.
No voy a votar a ningún partido que esté dispuesto a negociar o haya negociado ya conla unidad de España. Los filo-etarras, los que consideran que Arnaldo Otegui es un hombre de paz y los que dicen que ETA es una fuerza política respetable me repugnan. Simplemente. Soy asturiano y español y soy un hombre de honor: he jurado defender con mi vida la unidad de España. Y yo cumplo mis juramentos: mientras tenga vida y posibilidades de defender España, lo haré. Los tibios, los federalistas, los que no saben tomar decisiones (o no se atreven) para pararles los pies a los secesionistas catalanes o vascos, no tendrán nunca mi voto.
Tampoco voy a votar a mentirosos ni a corruptos. Quien miente una vez, miente un ciento. Los corruptos, los que roban para sí, para su partido, para sus amigos, militantes o simpatizantes, deben acabar en la cárcel: no en el Parlamento. Los que prometen bajar impuestos y luego los suben, mienten. Y no voto a quien me engaña. Los que dicen que van a derogar las leyes contra la familia y contra la vida y luego las mantienen tal cual, nunca van a recibir mi voto.
¿Quién defiende la vida, la libertad de los padres para educar a sus hijos, el bien común de todos los españoles? ¿Quién defiende a España? ¿Quién defiende la moral y la decencia frente a tanta corrupción y tanta basura? ¿Quién defiende la propiedad privada y la justicia social? Porque en España hay millones de parados que sobreviven a duras penas…
Hoy en día no hay ningún partido político parlamentario que no sea una estructura de pecado. Tenemos los malos, los menos malos, los pésimos, los peores, los sinvergüenzas, los mentirosos, los corruptos, los más corruptos; y por último, los que entienden la democracia como los Castro en Cuba o como Maduro en Venezuela. Y ni un solo partido con posibilidades de tener representación en el Parlamento que un católico consecuente pueda votar.
La solución es la abstención o dar el voto a opciones minoritarias y extraparlamentarias. Me da igual. Tengo claro a quién no voy a votar y más claro aún, cuáles son mis principios. Y no voy a renunciar a ellos bajo ningún concepto. Y además me importa un bledo que gusten o dejen de gustar esos principios; que me descalifiquen, que me llamen integrista, ultracatólico, fascista o lo que les dé la gana. Ya estoy acostumbrado. Yo soy católico y español. Por ese orden. Y no voy a traicionar ni mi fe ni mis principios morales (los Mandamientos) ni a mi patria: nunca, con la gracia de Dios.
La degeneración de los político españoles no es sino una muestra de la corrupción moral de la sociedad española. España se forja en la lucha de la Cruz frente al Islam y luego contra las herejías protestantes. La fe católica es la que vertebró y mantuvo unidas las distintas tierras de España. La fe fue el motor de la conquista y evangelización de América. Si España deja a Cristo y lo cambia por el bienestar, el hedonismo y el egoísmo más grosero, dejará de ser España. Vivir en democracia no es incompatible - ni mucho menos - con mantener nuestros principios. La corrupción que sufrimos no se soluciona solo con leyes o con cárceles. Se soluciona con la conversión de cada uno de nosotros a Cristo, con coherencia eucarística, con integridad, autenticidad: con santidad. También con santidad política. 

miércoles, 25 de noviembre de 2015

Ricardo de la Cierva - La verdad de la historia enfrentada a la memoria histórica


Interesantísimo video de Ricardo de la Cierva, poniendo las cosas en su sitio, como siempre.

Ricardo De La Cierva, el gran historiador español del siglo XX-XXI



Ricardo de la Cierva: recuerdo e historia
24 noviembre 2015

Tuve el honor de conocer a Ricardo de la Cierva en 1990 con ocasión de unas tertulias que organizábamos un grupo de amigos recién licenciados en nuestras respectivas carreras. Después le invité a participar en el libro En torno al municipio, editado por la Comunidad de Madrid en 1996 gracias a lo cual mi firma entonces casi novel se pudo codear con personalidades ilustres como De la Cierva o Julián Marías. Compartimos algunas conversaciones y varias cartas. Ricardo de la Cierva era en persona ese pozo de sabiduría inacabable que demostraba ser en su amplia y fecunda obra.
 
Envidiado, atacado, marginado por la historiografía oficial, vendía más ejemplares de sus libros de historia que cualquiera de sus enemigos, lo que sin duda acrecentaba la envidia. En la solapa de uno de sus libros se refería a este hecho: ¿Cómo no envidiar a un químico que además era historiador y encima vendía libros? Y por si fuera poco alcanzaba la final del Planeta con una novela histórica. Y el colmo: con todo el bagaje anterior a menudo contradictorio, llegó a ser diputado, senador y ministro de Cultura en el Gobierno de Adolfo Suarez en 1980.
 
Nacido en Madrid el 9 de noviembre de 1926, era nieto de Juan de la Cierva Peñafiel, ministro de Alfonso XIII, sobrino de Juan de la Cierva, inventor del autogiro e hijo del diputado de la CEDA Ricardo de la Cierva y Codorniú, asesinado en Paracuellos del Jarama en 1936. Doctor en Ciencias Químicas y Filosofía y Letras obtuvo la cátedra de Historia Contemporánea Universal y de España en la Universidad de Alcalá de Henares.
 
Su relación con la historia y la política se remonta a los años sesenta cuando Fraga le encarga el estudio de la bibliografía sobre la guerra civil española. De ahí llega a alcanzar en 1973 la Dirección general de Cultura Popular y fue presidente del Instituto Nacional del Libro Español. Perteneciente al equipo de Pio Cabanillas su labor fue claramente aperturista, abrió las puertas de las publicaciones a la oposición y su trabajo fue reconocido de forma amplia en todos los sectores políticos. Buscando en los archivos se encuentra la nota del homenaje que le fue rendido cuando cesó como presidente del INLE y las palabras de afecto de gentes tan alejadas de su ámbito como Manuel Vázquez Montalbán (a partir de ahora –decía el escritor comunista- nos pelearemos con balas de papel).
 
De la Cierva comenzó a escribir sobre el franquismo en vida de Franco. Su aperturismo le costó el cese como Director General lo que espoleó sus ánimos embarcándose en numerosas actividades culturales. Apreció a Dionisio Ridruejo en sus últimos meses manteniendo dramáticas conversaciones sobre la vida, las ideas y la muerte. Fue columnista de El País y se separó de Fraga cuando éste se lanzó a la vía de Alianza Popular y sus siete magníficos. Aunque en su nombramiento, De la Cierva quedó –como tantos– sorprendido por el nombramiento de Suarez en 1976 que pronto pasó a estar en su órbita. Fue asesor de cultura del Presidente y finalmente ministro de Cultura en 1980, aunque tan solo duraría ocho meses y medio en el cargo. Sus artículos de aquellos años revelan la idiosincrasia de la transición, sus errores pero también su generosidad.
 

De la Cierva tendió la mano a la izquierda, escribió por encargo en Gaya un librito sobre Qué son las derechas, muy crítico con la tentación de la espada que la derecha sentía a menudo, y discrepó con fuerza en aquellos años de quien terminaría siendo muy buen amigo, Gonzalo Fernández de la Mora. Tras abandonar UCD recaló por muy poco tiempo en Alianza Popular. Pero la historia y la cultura se convirtieron enseguida en las dos trayectorias de su vida. Todos sus libros estaban dedicados a su mujer, Mercedes, una fidelidad literaria y humana reveladora de su personalidad.
 
No es este el espacio para el análisis profundo de la gigantesca obra de Ricardo de la Cierva en el terreno de la historia, de sus aciertos o sus deficiencias. Pero es preciso remarcar su estilo directo, capaz de enganchar de principio a fin, su gran cultura (exhibida en otro libro extraordinario: Como ampliar mi cultura) y sus dotes de escritor. Publicó una trilogía de novelas sobre Isabel II y su turbulento reinado. La primera de ellas –Alumna de libertad– fue finalista del premio Planeta. Escribió con sarcasmo en Decamerón 90, noveló biografías de Juan Pablo I y Felipe II y ofreció memorables retratos de personalidades de su tiempo en Retratos que entran en la historia, un libro extraordinario    con emocionantes descripciones de Juan Carlos I, el propio Suárez, Franco, Agustín de Foxá, Jose Antonio, Dionisio Riduejo, Pedro Sainz Rodriguez…
    
Ganó el premio Espejo de España por Agonía y victoria, ensayo histórico sobre la caída de Madrid en los meses de primavera de 1939 previos al fin de la guerra ocasionando el ridículo de su muy inferior rival Javier Tussell que no conforme con la decisión del prestigioso Jurado decidió abandonarlo y crear escándalo.
 
De la Cierva buceó con increíble documentación en la historia de la Iglesia católica en el siglo XX, sus libros Oscura rebelión en la Iglesia y Jesuítas, iglesia y marxismo impresionan por su capacidad dialéctica y por el retrato duro que hace de la llamada teología de la liberación.
  
Se especializó en la masonería rastreando sus documentos e investigando a fondo en Internet y no dudó en enfrentarse a aquella al declararse católico y antimasónico. Y por supuesto estudió a fondo la Historia de España, (Historia total de España), la guerra civil y el franquismo (su ultima biografía de Franco es un monumental estudio que ha abierto el camino a otras posteriores de Pío Moa, Jesús Palacios y Stanley G. Payne). Además, escribió como vidas paralelas las de Franco y Don Juan (Los reyes sin corona) y con Sergio Vilar (historiador de izquierdas) publicó en editorial Planeta un muy interesante debate a dúo: Pro y contra Franco. Vilar historiaba el franquismo y De la Cierva el antifranquismo.
  
La curiosidad y la información del historiador parecían no tener límites: los templarios, los amores de Alfonso XII, la conversión de Indalecio Prieto, las mentiras de Carrillo en sus memorias, Historias de la corrupción, el marquesado de Escrivá de Balaguer, la verdadera historia de Carmen Diez de Rivera… A veces se excedía en los enfrentamientos, como los que mantuvo con Umbral (que también evolucionaría no poco, por cierto), Tusell o incluso Preston, a quien atacó sin piedad con ocasión de la biografía que el historiador británico escribiera sobre Franco (aunque a la luz objetiva, parece que las de Stanley Payne, otro ilustre hispanista, superan desde luego a las sesgadas de Preston o Ángel Viñas).
 
Luis María Ansón, amigo y discrepante desde la categoría, escribió en su biografía de Don Juan de Borbón que resultaba absurdo negar los méritos a Ricardo de la Cierva a causa de su “ideología”, ya que sus descubrimientos históricos se cuentan por docenas y su amplia documentación y cultura impresionan a cualquiera.
 
Abandonó su fugaz paso por la política en 1984, narró la turbulenta historia de la derecha en La derecha sin remedio, un volcán de datos y escenarios. En 1993, para eludir censuras y presiones fundó su propia editorial, Fénix, donde ha venido publicando desde entonces, casi siempre con éxito.
 
Amigo personal de hombres como Juan Antonio Vallejo Nájera, Fernando Vizcaíno Casas, Manuel Otero Novas, conoció a casi todos en el tardofranquismo y la transición. Fue un hombre culto y polémico que siempre se atrevió a decir lo que pensaba, aunque cometiera errores.
 
Falleció el pasado 19 de noviembre en la capital de España a la edad de 89 años. Pío Moa, uno de sus discípulos –por así decir–, escribió un artículo en 2003: Ricardo de la Cierva, el erradicado, describiendo el proceso de olvido a que muchos medios y políticos le estaban sometiendo.
 
Al final los libros quedan, y el recuerdo. Como vieran con acierto Ortega y Gasset y Julián Marías la razón vital es razón histórica: contar historias. De ahí que el historiador, como el novelista o el cineasta, tengan mucho que ver con la realidad de la vida.

Texto extraído de: http://www.ritmosxxi.com/blog/ricardo-cierva-recuerdo-historia-14208.html

viernes, 13 de noviembre de 2015

¿Existe el infierno?, y ¿Podemos ir a él?

12/11/15 8:47 AM
Un problema muy serio con el que nos enfrentamos en nuestros tiempos es el del buenismo, que podríamos presentar así: ¿Cómo un Dios que es infinitamente bueno y que nos quiere hasta morir en la Cruz por nosotros, va a permitir que un hijo suyo se condene? Lo cual se puede traducir en dos preguntas: ¿Existe el infierno?, y ¿podemos ir a él?

Creo que nuestra opinión no tiene ningún valor ante lo que nos dice la Revelación. Por ello voy a hacer referencia a una serie de textos del Nuevo Testamento en los que está claramente contenido lo que Dios quiere decirnos sobre el tema.

Romanos 1,18: «La ira de Dios se revela desde el cielo contra toda impiedad e injusticia de los hombres, que tienen la piedad prisionera de la injusticia».

Romanos 1,22: «alardeando de sabios, resultaron ser necios»

Romanos 1,32: «los cuales, aunque conocían el veredicto de Dios según el cual los que hacen estas cosas son dignos de muerte, no solo las practican sino que incluso aprueban a aquéllos que las hacen».

Romanos 2,5-6: «Con tu corazón duro e impenitente te estás acumulando cólera para el día de la ira, en que se revelará el justo juicio de Dios, el cual pagará a cada uno según sus obras».

Gálatas 5,19-20: «Las obras de la carne son conocidas: fornicación impureza, libertinaje, idolatría, hechicería, enemistades, discordia, envidia, cólera, ambiciones, divisiones, rivalidades, borracheras, orgías y cosas por el estilo. Y os prevengo, como ya os previne, que quienes hacen estas cosas no heredarán el reino de Dios».

Gálatas 6,7: «No os engañéis: de Dios nadie se burla. Lo que uno siembra, eso cosechará».

Efesios 5,5: «Tened entendido que nadie que se da a la fornicación, a la impureza o al afán de dinero, que es una idolatría, tendrá herencia en el reino de Cristo y de Dios».

Mateo 24,50-51: «el día y la hora que menos se le espera, llegará el amo, y lo castigará con rigor y le hará compartir la suerte de los hipócritas. Allí será el llanto y el rechinar de dientes».

Lucas 11,37-52, en especial 11,42, que dice: «¡Ay de vosotros, fariseos, que pagáis el diezmo de la hierbabuena, de la ruda y de toda clase de hortalizas, mientras pasáis por alto el derecho y el amor de Dios! Esto es lo que había que practicar, sin descuidar aquello».

Mateo 25,41-43: «Apartaos de mí, malditos, id al fuego eterno preparado para el demonio y sus ángeles. Porque tuve hambre y no me disteis de comer, tuve sed y no me disteis de beber, fui forastero y no me hospedasteis, estuve desnudo y no me vestisteis, enfermo y en la cárcel y no me visitasteis».

1 Pedro 5,8: «Sed sobrios, velad. Vuestro adversario, el diablo, como león rugiente, ronda buscando a quien devorar».

En pocas palabras, se nos pone en guardia sobre lo que nos puede suceder. Indiscutiblemente es cierto que Dios nos ama y que ha muerto en la Cruz por nosotros, pero nos pide que le entreguemos libremente nuestra amistad, pues también .podemos escoger el Mal. Es cierto que todos nosotros somos pecadores, pero Dios nos concede su gracia y los sacramentos, en especial los de la Penitencia y Eucaristía para perdonar nuestros pecados y volver a ser sus amigos. Pero a quien rechaza la gracia de Dios y opta por el Mal, Dios respeta su decisión, aunque hará todas las trampas que pueda menos cargarse nuestra libertad para llevarnos al cielo.

Hace poco me contaron la frase que un médico abortista había dicho a un conocido suyo: «No tienes ni idea de lo que soy capaz de hacer por dinero». Y no nos olvidemos que el demonio existe y que tiene un gran poder de seducción, especialmente a aquéllos que rechazan e incluso llegan a odiar a Dios, sea a Él directamente, sea a esa representación suya que somos los seres humanos, porque como dice el libro de los Proverbios: «El que maltrata al pobre, injuria a su Hacedor» (14,31). No nos tomemos a broma estos textos de la Sagrada Escritura. Pero recordemos que lo específico del cristiano es la esperanza y que Dios nos ha hecho para hacernos hijos adoptivos suyos y alcanzar así la meta de nuestra fe, la salvación de nuestras almas (cf. 1 P 1,9).
                        
Pedro Trevijano

lunes, 17 de agosto de 2015

Obispo Munilla - Homilia Solemnidad de la Asunción 2015, sobre ideogía de género y marxismo

Pagaremos un precio alto por mantener una conciencia crítica

Mons. Munilla: «la ideología de género no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada»

En la homilía predicada en la Solemnidad de la Asunción, Mons. José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián, ha mencionado el libro «El Señor del Mundo», de R. H. Benson, citado por el Papa en varias ocasiones. El prelado ha recordado que el Santo Padre recomendó su lectura para entender lo que es la colonización ideológica, que es lo que ocurre hoy en día, según el obispo, con la ideología de género.

 

 María, ¿cómo se ve la Tierra desde Cielo?

El pensamiento único se ha convertido en «ley» en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo. En realidad, hoy en día, un secularizado ‘de derechas’ piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado ‘de izquierdas’.
15/08/15 11:33 AM
Queridos sacerdotes concelebrantes, queridas autoridades, queridos fieles donostiarras y visitantes que disfrutáis de estas fiestas entre nosotros; queridos todos, hijos de Dios, y por su gracia, hijos también de María:
Ayer por la noche resonaban en esta Basílica de Santa María las voces del Orfeón Donostiarra, en el tradicional canto de la Salve... A Aquella que tiene el privilegio de habitar ya en el Cielo en cuerpo y alma —como confiesa nuestra fe en esta solemnidad de la Asunción de María a los Cielos—, la sentimos, muy arriba y, al mismo tiempo, muy cerca.  No hay contradicción entre ambos adverbios: Cuanto más en el Cielo —cuanto más cerca de Dios—, más unida a los que imploramos la mirada de sus “ojos misericordiosos” en este “valle de lágrimas”.
Precisamente porque Ella está muy “arriba”, nos puede ayudar a ver la realidad desde la perspectiva divina. Y al mismo tiempo, gracias a que Ella es tan atenta y cercana a nuestras necesidades, su “mirada desde lo alto” se convierte en una auténtica clave de sentido, que nos ayuda a caminar en medio de tantas oscuridades.
Hoy, con nuestra mirada puesta en María, nos preguntamos cómo se ve la Tierra desde el Cielo, en la confianza de que Ella nos ayudará a encontrar un poco de luz para iluminar la respuesta correcta.
Y como punto de arranque en este empeño, me sirvo de una conocida novela de Robert Hugh Benson —un anglicano converso al catolicismo—, que lleva como título El Señor del Mundo, escrita en 1907.
Recurro a esa novela porque en diversas ocasiones el Papa Francisco la ha citado, como una clave hermenéutica para comprender la crisis contemporánea. Concretamente, en la rueda de prensa que concedió en el viaje de retorno de Manila a Roma, a propósito de la colonización ideológica que desde la “teoría de género” se está imponiendo a todos los pueblos y culturas, el Papa comenta: “Les recomiendo que lean este libro, y leyéndolo entenderán a qué me refiero con la expresión «colonización ideológica»”.
¿Cuál es la tesis de la citada novela recomendada por el Papa, y a la que me remito para inspirar el diagnóstico de nuestra crisis contemporánea? Se trata de una profecía de la llegada de un falso humanismo mundial, de apariencia pacífica y adornado de ciertos valores éticos, pero que en nombre de lo políticamente correcto pretende imponer unos valores contrarios a la ley natural y a la ley divina; y para ello se empeña en reducir el cristianismo a su dimensión privada, expulsándolo de la vida pública. La novela no tiene desperdicio, hasta el punto de que uno tiene la sensación de estar contemplando en ella la radiografía de nuestros días.
Por lo que a nuestra historia reciente se refiere, todos recordaremos cómo en el momento de la caída del Muro de Berlín, acuñamos ingenuamente el concepto de la “caída de las ideologías”. Llegamos a pensar que se había iniciado un nuevo orden mundial sin necesidad de ideologías políticas; e incluso, algunos concluyeron que la economía era suficiente por sí sola para cimentar el orden social, sin necesidad de filosofías, ni de teologías… El marxismo de la Europa del Este pasaba repentinamente a asumir las tesis de la economía de mercado; mientras que las democracias occidentales, de forma progresiva, renunciaban a su inspiración en el humanismo cristiano. El futuro de Occidente parecía construirse sobre las solas bases del bienestar económico, renunciando a otros planteamientos antropológicos, culturales o religiosos…
De esta forma, Occidente cometía una grave traición: optaba por el “tener”, por encima del “ser”; por el materialismo y el hedonismo, por encima de los valores que inspiraron su historia… Si bien es cierto que Europa continuaría cuidando y fomentando algunos valores éticos, lo más determinante de su nuevo rumbo fue el hacer oídos sordos a la llamada realizada por San Juan Pablo II en Santiago de Compostela, tras la caída del Muro de Berlín: “Europa, sé tú misma. Descubre tus orígenes. Aviva tus raíces (…) Tú puedes ser todavía faro de civilización y estímulo de progreso para el mundo”.
Aparentemente, Occidente terminó por transformarse en un cuerpo sin alma, donde lo único importante y definitivo parecía ser la economía floreciente y el bienestar social. ¿Acaso se habría llegado a alcanzar una ética del progreso renunciando a toda “ideología”? En pocos años se demostraría lo contrario… De la misma forma que no existe un cuerpo vivo sin alma, tampoco puede haber una sociedad de consumo, sin fundarse en una determinada concepción de la vida. Y así, en pocos años, la cultura fue asumiendo una nueva ideología… ¿A cuál me refiero? Sin duda, a la “ideología de género”. Está ocupando el rol del “alma” de Occidente, anteriormente disputada por el marxismo y el humanismo cristiano.
En realidad, todo apunta a que la “ideología de género” no es sino una metástasis del marxismo, asumida ahora por la cultura secularizada, mayoritaria en Occidente. A juicio de los más agudos analistas, el marxismo habría fracasado por haberse centrado en su teoría económica de la lucha de clases, pero sin atacar directamente a la familia, que es la que verdaderamente configura los valores de la persona. Por eso, en el momento presente, la “ideología de género” ha sido diseñada para confrontarse con la familia y con la misma concepción natural del hombre.
Como decía Chesterton, la persona desvinculada de la familia y de su propia naturaleza, es plenamente manipulable por el proyecto consumista. Al totalitarismo no le interesan las familias sanas y fuertes, sino las personas solitarias y desvinculadas. La victoria plena de este “nuevo orden” solo se puede conseguir desterrando el principio de subsidiariedad, hasta eliminar cualquier institución intermedia entre el Estado y el individuo. De esta forma, el ser humano se somete al “dios Estado”; y no le queda más remedio que seguir los dictados del consumismo, en obediencia plena y sumisión a lo políticamente correcto.
El pensamiento único se ha convertido en “ley” en nuestros días. En poco tiempo hemos pasado del relativismo a la dictadura del relativismo. En el campo político, los supuestos contendientes no presentan diferencias sustanciales en lo que al pensamiento antropológico y moral se refiere. En realidad, hoy en día, un secularizado ‘de derechas’ piensa sustancialmente lo mismo que un secularizado ‘de izquierdas’. Y es importante que tengamos la clarividencia necesaria para percatarnos de que lo que llamamos “políticamente correcto”, finalmente convertido en ley, se identifica con la “ideología de género”; la cual tiene en su agenda la deconstrucción del matrimonio y de la familia, por tratarse del único bastión que se le había resistido al “Señor del Mundo” —parafraseando el título de la novela—, de cara a poder controlar a  su antojo la misma humanidad.
Queridos hermanos, la Iglesia Católica y los cristianos ya hemos superado muchas dificultades en más de veinte siglos de historia. Al final, más allá de las crisis,  queda siempre lo verdadero y permanente: el amor de Dios por el hombre, y el destino eterno al que nos llama. Tenemos plena confianza en que la providencia divina guía la historia por encima de nuestras contradicciones y pecados; pero, precisamente por ello, no somos ignorantes ni indiferentes ante los retos del presente. Es previsible que en el futuro hayamos de pagar un precio alto por mantener una conciencia crítica frente a este pensamiento único, y, no digamos nada, por ejercer la denuncia profética frente al “Señor del Mundo”. También los nuestros son “tiempos recios”, como decía Santa Teresa de Jesús, en los que hemos de estar atentos a la permanente tentación de mundanización, contra la que, con tanta frecuencia, nos está previniendo el Papa Francisco…
Precisamente, refiriéndose a la novela citada —esta vez en el contexto de una homilía en la residencia de Santa Marta—, decía el Papa Francisco: “Existe una insidia que recorre el mundo. Es la «globalización de la uniformidad hegemónica» caracterizada por el «pensamiento único», a través del cual, en nombre de un «progresismo propio de adolescentes», no se duda en negar las propias tradiciones y la propia identidad” (18.11.13)
¡Que María nos ayude a comprender cómo se ve la Tierra desde el Cielo, para que no seamos engañados por ideologías falsas y caducas! Sabemos que el hombre no es feliz cuando recorre los caminos de su propio orgullo, sino cuando acepta su verdad y su condición de hijo de Dios. Santa María, en su humilde sí a Dios, dice el verdadero sí al ser humano y a la familia. Ella es modelo para todos: en su aparente debilidad, triunfa y permanece, mientras que todo lo falso pasa y desaparece.

¡Feliz día de la Asunción de María a los Cielos!

+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián
Homilía predicada en la catedral donostiarra el 15 de agosto del 2015, Solemnidad de la Asunción de María

martes, 14 de julio de 2015

Monseñor Munilla: El derecho al aborto no es símbolo de una sociedad progresista

Llamados a pensar sin arrastrarnos por lo políticamente correcto

Monseñor Munilla: «El derecho al aborto no es símbolo de una sociedad progresista»

Muchas de sus declaraciones causan controversia, y que su última publicación lleve por título Sexo con alma y cuerpo, no le ayudó a salir de los tabloides. 

12/07/15 6:36 PM


(La Tribuna de Toledo) Teólogo y obispo de San Sebastián, José Ignacio Munilla tiene hasta su propio de apartado referido a ‘Polémicas’ en la Wikipedia. Él considera que todo lo que hace es bajo el prisma de la fe que defiende y estima. Ayer, llegó hasta Toledo en un encuentro llevado a cabo en la casa Espiritual de los Padres Carmelitas en el que discurrió, entre otros muchos temas, de las propuestas cristianas ante la crisis del mundo global.

¿Qué es la crisis de valores de occidente en pleno XXI?

Es una crisis de fe. Europa ha sido profundamente creyente y tras ver el rostro del mal en la Segunda Guerra Mundial tuvo un resurgir en su fe. Cuando el ser humano ve su crudeza, se plantea el sentido de la vida, pero cuando vive plácidamente, eso no ocurre. Ahora mismo, es una bendición, vivimos en una época prolongada de paz y eso tiene muchos riesgos desde el punto de vista espiritual. Cuando alguien se siente económicamente seguro y su bienestar está garantizado, cierra sus perspectivas de la pregunta por la transcendencia. Jesús ya nos advirtió del peligro de poner nuestra confianza en los medios materiales.

Materialismo...

Es el origen primero de nuestra crisis. En este momento, Europa ha sustituido el alma por el euro. Tenemos una clase política en la que su carta de identidad es garantizar una buena economía. Antes, en Europa, se discutía entre la Europa marxista y la capitalista, ahora hay un pacto en el que se olvidan las teorías propias y básicamente se piensa sólo en dinero. Tenemos una ideología del deseo en el que el ideal es la comodidad y el consumo. En este momento, una persona secularizada, con valores de izquierdas o de derechas, piensan igual. Cuando no existe una perspectiva de transcendencia, las diferencias ideológicas son menores. Tenemos un pensamiento único que es el materialismo.

¿La fe queda para los pobres?

Ha quedado relegada a un objeto de consumo interno y subjetivo. De esta forma, se está olvidando que tiene una perspectiva social y que configura la educación. La fe ha quedado como una pastilla para disolver angustias. Es un objeto de relajación. Se confunde, en muchas ocasiones, religiosidad con producto de relajación interno, eso obviamente es una deformación completa del mensaje cristiano.

Habla de unos estados que sólo se preocupan del dinero, pero sus programas también hablan de educación. Una formación que, ahora, se plantea si debería ser cristiana viviendo en un país laico.

Considero que el discurso sólo habla de dinero. No se aborda ningún tema humano. Aquí se evita el debate sobre la familia, sobre la concepción del matrimonio. Se ha aceptado de una manera, vergonzosa y vergonzante, los postulados sobre la ideología de género y no existe el atrevimiento de abordarlo. Nadie defiende la vida ni la naturaleza del matrimonio. Nadie prima el derecho de la familia a elegir la educación de sus hijos en función a sus ideales... Hemos renunciado a los temas antropológicos, el político se siente incómodo. Además, en Europa hay un pensamiento único. Lo que antes era izquierda y derecha se ha convertido en un aspecto único, marcado por la izquierda, en el que la derecha va por el mismo camino pero con el freno de mano puesto. Hay muy poca valentía para hablar de temas humanos. Estamos en una sociedad con pensamientos avergonzados, que no tienen fe en sus ideales.

Existió un político que sí habló de temas humanos. Alberto Ruiz Gallardón prometió un cambio en la ley del aborto que Mariano Rajoy no permitió que llegará a su fin. ¿Le ha decepcionado el presidente del gobierno?

Es una reforma que, parece ser, se han quitado de en medio por cálculos electoralistas. Pero nosotros entendemos que el inicio de la vida no va por consenso. Y esa fue, precisamente, la causa que dio el presidente del Gobierno para no llevar a cabo la reforma, que no existía «consenso». Pero la vida comienza con la concepción y eso sería importante recordárselo al señor presidente del Gobierno. Es terrible que el amparo de la vida dependa de un consenso. En ese caso concreto, se escenificó de una manera muy clara mi denuncia. Estoy convenció que hay dos tipos de políticos. Aquellos que por las mañanas contrastan con su conciencia y los que lo hacen con las encuestas. Y es muy diferente el punto de vista que se tiene cuando se varían estos conceptos. Yo creo que en España nos faltan gobernantes con conciencia y nos sobran los de las encuestas.

¿Cómo un político que gobierna para un pueblo plural, de muchas religiones y culturas, debe consultar sus opiniones a una conciencia cristiana?

Yo creo que un político tiene que creer en unos ideales de ley natural y con esos harán bien a un cristiano y a uno que no lo sea. Tiene que proponer medidas porque cree en ellas y luego no hacer cálculos sobre qué debe decir para ser elegido. El problema está cuando un político tiene como principal objetivo el poder, porque entonces lo cambiará todo para conseguirlo.

Habla del concepto del matrimonio. ¿Considera que está mal que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio? ¿o el simple gesto de que dos personas del mismo sexo convivan con amor?

Con la reciente ley norteamericana que impone el matrimonio homosexual, sin importar lo que cada uno votara en su estado. Tras la decisión, uno de los jueces del Tribunal mandó una carta de gran interés. En ella, habla de que, en un decreto, la sociedad norteamericana ha cambiado lo que se había considerado, de siempre, matrimonio. Él pregunta «¿y quiénes nos creemos que somos nosotros?». La naturaleza del matrimonio trasciende del quéhacer de un político es pre-jurídica y pre-política. Es un riesgo muy grande que la política juegue a la ingeniería social.

Partiendo de que, bajo su prisma, no es lo natural que dos personas del mismo sexo se enamoren. ¿No es lógico que ejerzan su libertad de ser humanos y estén juntos y tengan hijos?

Dos homosexuales tienen un derecho, como todo ciudadano, libre a tener una convivencia. Pero que se redefina el concepto de matrimonio, es una cosa diferente.

¿Es una cuestión de concepto?

No. Va más allá. La sociedad tutela la unión de un hombre y una mujer porque de la unión de los mismos se regenera la sociedad. Ahora bien, de la unión de dos amigos no se regenera la sociedad. No es simplemente una cuestión de palabra.
Mención aparte merece que nadie tiene derecho a tener un hijo. Es un niño el que tiene derecho a tener padre y madre. A un niño se le da a un padre y a una madre en adopción invitando a tener lo que la naturaleza le negó por un accidente o por una muerte natural.

Los tiempos han cambiado, se habla de aborto, de matrimonio entre personas de un mismo sexo... ¿Son conscientes de que ese cambio de pensamiento en el tiempo va en paralelo al distanciamiento con los más jóvenes?

La clave está en que la iglesia tenga la capacidad de ejercer de elemento crítico. Estamos llamados a pensar sin arrastrarnos por lo políticamente correcto. Para ser progre tienes que tragar con todo lo que hoy en día está bien visto. La iglesia está para ayudarnos a pensar por nosotros mismos.

Con el nuevo Papa, ¿la Iglesia está evolucionando?

Hay que distinguir conceptos y no todo hay que evolucionarlo. Hubo un tiempo en el que la esclavitud estaba socialmente bien vista y fueron los cristianos quienes dijeron que eso no estaba bien. Es decir, puede haber una gran tentación de pensar que lo que en un tiempo es políticamente correcto sea equiparable en un futuro. Por ejemplo, pensar que el derecho al aborto es símbolo de una sociedad progresista... me escandaliza. Pero no tenemos que confundir el deseo de acercarnos a los más jóvenes con hablar claro. Tenemos que estar cerca pero creyendo en el mensaje de Jesucristo, no reformulándolo. Yo estoy convencido, que como con la esclavitud, hay ciertos tótem que caerán.

Habla tan claro que acaba de sacar un libro en el que lo hace, ni más ni menos, que de sexo. Un texto plagado de polémica, ¿no puede un obispo hablar de sexo?

La tesis básica del libro es que, a mi juicio, hay un drama muy grande por haber desvinculado el sexo del amor. La cultura del ‘rollo’ aparece como símbolo del mundo moderno y eso no se lo cree nadie. Porque nadie es feliz sintiéndose un clinex. La sexualidad tiene sentido cuando está ligada al amor fiel y a la transmisión de la vida.

Artículos como el de El Mundo, bajo el título Las 50 sombras del obispo Munilla, llegan a sacar lo más sexual de su libro. ¿Se desvirtualiza su mensaje del amor?

Algunos periódicos han puesto en mis labios lo que decía la coautora del libro, que era la sexologa. Quizá poner en labios del obispo los temas sexuales da el morbo. A pesar de ello, asumo sus tesis, por ello firmo el libro con ella.

Usted ha sido una persona muy mediática dentro del clero, al igual que religiosos como, por ejemplo, Sor Lucia. ¿Cree que esto le hace bien a la Iglesia?

Yo creo que la importancia de nuestra presencia mediática está en la medida en la que no se proclame nuestro pensamiento personal. Yo debo ser consciente de a quién represento y el mensaje que predico. No debo exhibirme, sino predicar. De esa forma no se pierden las formas y es válido.

¿Qué ocurre cuando esos mensajes no se cumplen en el seno de la propia institución? Las denuncias de abuso a menores por parte del clero, por ejemplo...

No solo predicamos para la sociedad, también para nosotros mismos. Por ello existe la autodenuncia y coherencia.

¿Denunciaría un caso de pederastia en su Diócesis?

Existe un protocolo establecido por nuestro Papa emérito, Benedicto XVI, en el que se marca cómo actuar y que no exista margen de subjetividades. Lógicamente, intentaría seguir este protocolo para no confundir impresiones.

¿Haría visible la denuncia en caso de ser verdad?

Obviamente, dentro del protocolo se exige hacerlo visible. Sería imprudente que un tema tan sensible cada uno pudiese hacer lo que más le gustara en su diócesis.

lunes, 18 de mayo de 2015

Las apariciones de la Virgen María en la época contemporanea - Videoconferencia por Javier Paredes

Publicado el 21 jun. 2014
D. Javier Paredes es catedrático de Historia y escritor. Es el autor de las recientes publicaciones: "Al Cielo con calcetines cortos" y "Santos de pantalón corto".


jueves, 14 de mayo de 2015

Elecciones municipales España mayo 2015 y los Principios No Negociables de la Iglesia Benedicto XVI

Manifiesto de los principios no negociables:
No podemos por coherencia, colaborar con partidos políticos que no respeten y defiendan de forma inequívoca estos principios







Al firmar este documento queremos manifestar nuestro común acuerdo en la defensa de los siguientes valores "no negociables":

1. Vida
La persona es sagrada e inviolable, desde la concepción hasta la muerte natural.

2. Familia
La familia nace del compromiso conyugal. El matrimonio es un voto, en el que un hombre y una mujer hacen donación de sí mismos y se comprometen a la procreación y el cuidado de los hijos.

3. Libertad de enseñanza
Los padres tienen el derecho y el deber de educar a sus hijos. Son ellos -no el Estado, ni los empresarios educativos, ni los profesores- los titulares de ese derecho.

4. Bien común
El Estado está al servicio de la sociedad y no al revés. El papel de la autoridad es ordenar la comunidad política no según la voluntad del partido mayoritario sino atendiendo a los fines de la misma, buscando la perfección de cada persona, aplicando el principio de subsidiariedad y protegiendo al más débil del más fuerte".

Estos principios básicos para la actuación coherente del cristiano en política han sido denominados "no negociables" por el Papa Benedicto XVI y enumerados de esta manera: "...el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural; la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer; la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas" (*)

No podemos, por coherencia, colaborar con partidos políticos que no respeten y defiendan de forma inequívoca estos principios, aunque, dejando a salvo estos valores no negociables, cada candidato y elector es libre de adoptar la actitud política que desee y de secundar las iniciativas públicas que considere más convenientes, en ejercicio de su libertad inalienable.

Por consiguiente animamos a asociaciones, instituciones, organizaciones religiosas, laicas, sindicatos y partidos políticos a defender estos principios no negociables.

Pedimos a los electores que en las próximas Elecciones municipales de mayo de 2015 en España den su apoyo a los partidos que apuesten por los POR LOS VALORES NO NEGOCIABLES con el objetivo inmediato de conseguir que dichos valores empiecen a estar bien representados en las instituciones parlamentarias.

(*) http://www.vatican.va/holy_father/benedict_xvi/apost_exhortations/documents/hf_ben-xvi_exh_20070222_sacramentum-caritatis_sp.html

martes, 5 de mayo de 2015

Alberto Pascual en Marcando El Norte - 07 La promoción del bien común (Presentador Historiador Javier Paredes)

Publicado el 11 abr. 2015
Este bloque de programas de "Marcando el Norte", en el que intervienen el profesor Javier Paredes y don Alberto Pascual, ingeniero de telecomunicaciones y secretario adjunto del partido político "Alternativa española", está dedicado al tema de la doctrina social de la Iglesia en la política.
En este sexto programa del bloque, don Alberto Pascual responde al interrogante sobre el bien común. La defensa del bien común guarda relación con una sociedad bien construida y cuyos objetivos no tienen nada que ver ni con el imperio del egoísmo individualista, ni con el predominio del bien partidista, ni con la corrupción consentida por los gobiernos...
Este programa resulta especialmente útil para poder discernir cuál es la frontera que separa el territorio del bien de los espacios en los que se asienta el mal.


Alberto Pascual en Marcando El Norte - 06 Las raíces cristianas de Europa (Presentador Historiador Javier Paredes)

Publicado el 27 mar. 2015
Este bloque de programas de "Marcando el Norte", en el que intervienen el profesor Javier Paredes y don Alberto Pascual, ingeniero de telecomunicaciones y secretario adjunto del partido político "Alternativa española", está dedicado al tema de la doctrina social de la Iglesia en la política.

Cuando se habla de las raíces cristianas de Europa, muchos piensan que se trata de imponer la fe católica a todo el mundo, pero esto no es así. En este quinto programa del bloque, don Alberto Pascual nos explica cómo de lo que se trata es de que los principios culturales que se han desarrollado en España y en el resto de Europa, en su historia, se mantengan.
Algunos autores como Menéndez Pelayo, Balmes, García Morente, Luis Suárez, etc., pueden ayudarnos en la comprensión de estas raíces cristianas del continente.


Alberto Pascual en Marcando El Norte - 05 La educación de los hijos (Presentador Historiador Javier Paredes)

Publicado el 20 mar. 2015
Este bloque de programas de "Marcando el Norte", en el que intervienen el profesor Javier Paredes y don Alberto Pascual, ingeniero de telecomunicaciones y secretario adjunto del partido político "Alternativa española", está dedicado al tema de la doctrina social de la Iglesia en la política.

¿De quién depende la educación de los hijos: del Estado, de la escuela, de los padres...?
En este cuarto programa del bloque, don Alberto Pascual nos habla claramente de cómo los responsables de la educación de los hijos son los padres y no el Estado, como este pretende hacer con sus métodos de adoctrinamiento.


jueves, 2 de octubre de 2014

Quien obra mal, no soporta el Bien

Persigamos al justo que nos fastidia

A las 5:25 PM, por Luis Fernando
 
La Biblia es una fuente de revelación no solo de Dios sino de la naturaleza del hombre, de sus miserias -fruto del pecado- y sus grandezas -cuando la gracia opera en él-. En la Escritura vemos actos heroicos al lado de comportamientos deplorables. Sacrificios por los demás y actos de caridad junto a asesinatos, adulterios, injusticias. No se esconden ni siquiera los pecados de quienes eran santos.
En diversos pasajes del texto bíblico aparece una situación similar a esta que nos relata el libro de la Sabiduría:
Persigamos al justo que nos fastidia y se opone a nuestro modo de obrar y nos echa en cara las infracciones de la Ley y nos reprocha nuestros extravíos. Pretende tener la ciencia de Dios y llamarse hijo del Señor. Es censor de nuestra conducta; hasta el verle nos resulta insoportable. Porque su vida en nada se parece a la de los otros, y sus sendas son muy distintas de las nuestras. Nos tiene por escorias y se aparta de nuestras sendas como de impurezas; ensalza el fin de los justos y se gloría de tener a Dios por padre.
(Sab 2,12-16)
Fue Caín el primero en asesinar a su hermano Abel porque éste hacía ofrendas agradables a Dios. Es decir, quien obra mal no solo se complace en su comportamiento, sino que tampoco soporta al que obra bien. Como dijo nuestro Señor Jesucristo: “Y esta es la condenación: que la luz vino al mundo, y los hombres amaron más las tinieblas que la luz, porque sus obras eran malas” (Jn 3,19). Y como nos recuerda San Pedro: “Basta ya de hacer, como en otro tiempo, la voluntad de los gentiles, viviendo en desenfreno, en liviandades, en crápula, en comilonas y embriagueces y en abominables idolatrías. Ahora, extrañados de que no concurráis a su desenfrenada liviandad, os insultan).
Es por tanto un claro síntoma de andar en la verdad el ser objeto del acoso por parte de aquellos que andan en la tibieza o el error. Pero eso no quiere decir que cada vez que sufra una persecución, se obra en la verdad. Dice también San Pedro: “Que ninguno padezca por homicida, o por ladrón, o por malhechor, o por entrometido; mas si por cristiano padece, no se avergüence, antes glorifique a Dios en este nombre” (1ª Ped 4,15-16). Que a todos los profetas se les haya perseguido no significa que todo perseguido sea profeta. Toda injusticia en el tratamiento a una persona no implica necesariamente que ella tuviera razón en su forma de proceder. A veces se juntan el mal del que sufre una injusticia con el mal que el sufridor ha obrado.

¿Cómo reacciona aquel que vive en santidad al hecho de sufrir persecución, incluso desde dentro de la propia Iglesia? Los ejemplos son evidentes. Sin renunciar a proclamar la verdad, toma como ejemplo a Aquél de quien se dice: “Maltratado, mas él se sometió, no abrió la boca, como cordero llevado al matadero, como oveja muda ante los trasquiladores” (Is 53,7).
El pasado lunes, el cardenal Müller predicó una homilía en el Santuario de San Juan de Ávila, doctor de la Iglesia y patrón del clero español. Cito:
A pesar de las deshonras y de las luchas, el sacerdote Juan de Ávila siempre tuvo por amigo y fuente de esperanza al Sumo y Eterno Sacerdote. Esto se puede palpar de manera muy tangible en el episodio sumamente elocuente de su encarcelamiento en Sevilla, por orden de la Inquisición. En el año mil quinientos treinta y uno, comenzó un proceso informativo contra la persona de este Santo, teniendo como consecuencia su entrada en prisión al año siguiente. Fue absuelto el cinco de julio de mil quinientos treinta y tres, inocente de todos sus cargos.
Y añadió:
Se atribuye concretamente a esta época la redacción de una carta dirigida a unos devotos, que sienten de cerca la aflicción de su Maestro. Él les indica que su consuelo debe ser sobrenatural: «Dios quiere abrir vuestros ojos para considerar cuántas mercedes nos hace en lo que el mundo piensa que son disfavores y cuán honrados somos en ser deshonrados por buscar la honra de Dios». Su respuesta ante la injusticia fue el silencio manso y la oración insistente dirigida a Dios: «Usad mucho el callar con la boca y hablad mucho en la oración, especialmente pensando en la Pasión de Jesucristo nuestro Señor» . Su unión con Cristo no excluyó sino que afianzó su comunión espiritual y pastoral con la Iglesia de su tiempo.

He ahí un ejemplo a seguir. El de un santo que se identificó tanto con Cristo que se ofreció como cordero silente y orante en medio de una persecución injusta.
Ahora bien, no confundamos el silencio ante la injusticia que padezcamos personalmente con el silencio ante el error que pone en peligro la salvación de muchos. Ahí no cabe callar. Como dijo San Josemaría:
Ir contra el Espíritu Santo es hacer circular, o permitir que circulen sin denunciar sus falsedades, catecismos heréticos o textos de religión que corrompen las conciencias de los niños, con enseñanzas dañosas y graves omisiones.
Frente a ese griterío, hemos de exclamar: basta. De una parte, no cediendo nosotros a los halagos del embrollo diabólico y, simultáneamente, colaborando cada uno en la difusión de la doctrina, en especial de aquellos puntos que algunos se empeñan en oscurecer.
(La tercera campanada, S. Josemaría Escrivá de Balaguer)
Por tanto, firmes e incluso vociferantes, sin faltar a la caridad, en la defensa de la verdad y el señalamiento del error, pero silentes cual corderos de Dios ante las posibles persecuciones que nos acarree la fidelidad a Cristo y su Iglesia. Y así en verdad lo haremos por gracia de Dios.

Luis Fernando Pérez Bustamante

Texto extraido de: http://infocatolica.com/blog/coradcor.php/1410011158-persigamos-al-justo-que-nos-f#more26633

lunes, 29 de septiembre de 2014

Monseñor Munilla: Un católico no puede votar a los partidos de ambito nacional actuales

Votar en base al mal menor se convierte en mal mayor

Mons. Munilla: «un católico fiel a la Iglesia no puede votar a los partidos presentes en el Congreso de Diputados»

Mons. Munilla, obispo de San Sebastián, asegura en un artículo publicado este domingo que el Partido Popular ha decidido mantener el aborto como un derecho y le acusa de ceder siempre ante la izquierda en temas de ideología social. «Los hechos demuestran que la supuesta `izquierda´ es la que termina marcando el camino a la supuesta `derecha´». El prelado afirma que un católico «no puede votar en coherencia a los partidos políticos de ámbito nacional presentes en el actual Congreso de Diputados».
28/09/14 10:01 AM


Ver también
(InfoCatólica) En un artículo publicado en ABC, Diario Vasco e InfoCatólica, Mons. José Ignacio Munilla recuerda que «el derecho a la vida no es un derecho más, sino uno anterior a todos los derechos, y sobre el que se sustentan todos los demás» y advierte que «cada día son exterminadas en España más de trescientas vidas humanas, a las que se les niega el más elemental de los derechos: el derecho a vivir. Y esto se hace bajo el amparo de un ley inicua que reconoce el derecho a abortar, es decir, el derecho a matar».
Tras constatar y lamentar el cambio del Partido Popular, señala que:
«Desgraciadamente, no es la primera vez que se produce una deriva semejante en el Partido Popular. Los hechos demuestran que la supuesta “izquierda” es la que termina marcando el camino a la supuesta “derecha”. Cada vez existen menos diferencias ideológicas reales entre los partidos políticos, dado que han asumido todos ellos los valores del neocapitalismo, el relativismo y la ideología de género. Alguien dijo que el pensamiento políticamente correcto de nuestros días, se caracteriza por ser teóricamente marxista, prácticamente liberal, y psicológicamente freudiano».
Según Mons. Munilla, se ha reabierto un debate:
«¿Qué tipo de presencia deben de tener los católicos en la vida política? ¿Es coherente que los católicos se integren en partidos políticos que acogen en sus programas propuestas diametralmente contrarias a los valores evangélicos? ¿Pueden los católicos votar a partidos políticos que están en esta situación, basándose en el principio del “mal menor”? »

El mal menor como excusa

El obispo indica que el mal menor acaba convirtiéndose en el mal mayor:
«El tiempo ha demostrado que por el camino del “mal menor” se termina llegando al “mal mayor”. La opción del “mal menor” solo puede ser acogida por un cristiano de forma circunstancial y transitoria; sin caer en la tentación de hacer de ella su “santo y seña”. Y es que… Jesucristo nos enseñó a apostar por el bien; no por el mal menor»
Tras asegurar que está convencido de que habrá muchas bajas en la limitancia del PP por el tema del aborto, el prelado vasco se convierte en el primer obispo en señala la consecuencia lógica de la condición abortista de los partidos con representación parlamentaria en España:
Los creyentes tienen un serio problema: en el arco parlamentario actual no existe ningún partido de ámbito estatal capaz de representar al voto católico. Para decirlo claramente: un católico que aspire a ser fiel a los principios de la Doctrina Social Católica, no puede votar en coherencia a los partidos políticos de ámbito nacional presentes en el actual Congreso de Diputados.
El prelado vasco recuerda que no corresponde a los obispos, y sí a los laicos conformar alternativas políticas:
La vocación de los laicos católicos, a diferencia de los sacerdotes y obispos, es la de hacerse presentes en la vida pública proponiendo alternativas políticas, capaces de encarnar de forma coherente en la vida pública los principios que inspiran la Doctrina Social Católica.
Voz de los sin voz  (texto completo del artículo de Mons. Munilla)

Texto extraido de: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=22058

martes, 16 de septiembre de 2014

Con la crisis aumentan las sectas, la nueva era y neopaganismo

El arzobispo de Sevilla alerta sobre los nuevos ídolos: sectas, astrología, neopaganismo

A las 9:31 AM, por Luis Santamaría
Categorías : General
Monseñor Juan José Asenjo, arzobispo de Sevilla, presidió el pasado 13 de septiembre la Misa estacional celebrada en la Plaza de América de la capital hispalense con motivo del 75 aniversario de la fundación de la Hermandad de la Paz, según informa la web del Arzobispado.

“Sólo Él es la Verdad que salva, libera y da la felicidad. Él es la luz verdadera, que ilumina la vida, la nutre y la llena de esperanza. Sólo Él nos permite ser libres. Él es el maestro que nunca engaña. No tengamos miedo a encontrarnos con Él”. Con estas palabras pronunciadas en la homilía de la Misa estacional, el arzobispo de Sevilla ha invitado a los fieles a encontrarse con Cristo, y ha pedido que este encuentro sea el fruto de esta efeméride de la corporación del Domingo de Ramos.

Monseñor Asenjo Pelegrina ha señalado que “en nuestro mundo se multiplican las doctrinas, sistemas y movimientos que ofrecen caminos de salvación: el mundo de las sectas, la astrología, los horóscopos y los adivinos, que tratan de responder a las ansias de felicidad del corazón del hombre. No faltan entre nosotros –ha añadido- proyectos para implantar una especie de neopaganismo, cuyos fines se rezumen en pocas palabras: amar, vivir, gustar de la plenitud del cuerpo, cultivar la inteligencia y aguzar la sensibilidad, gozar de la vida en libertad sin ningún tipo de barreras morales”.

Se trata de los que el arzobispo ha calificado como “nuevos ídolos ante los que se arrodillan muchos conciudadanos nuestros”, a los que suma “el afán de poder y de dominio, de brillar y sobresalir, el dinero, el tener y consumir”.

Al respecto, el prelado sevillano ha afirmado que son “caminos errados que no llevan a ninguna parte, soluciones que en ningún caso sanan el corazón del hombre”, y ha reforzado el argumento con una prueba evidente: “nunca el hombre occidental ha contado con más medios materiales, bienestar y tiempo para el ocio y, sin embargo, nunca como hoy proliferan las enfermedades mentales, las neurosis, las depresiones y hasta los suicidios, cuyo número crece cada año incluso entre los jóvenes. Ello significa que los sucedáneos no dan la felicidad, que sólo se encuentra en el Señor”.

Monseñor Asenjo ha concluido su homilía pidiendo a los asistentes a la Misa estacional que “griten a pleno pulmón en calles y plazas que Cristo vive y que sólo Él es la esperanza para el mundo”. Antes de finalizar ha pedido a Dios “que conceda a nuestro mundo atormentado el don de la paz en la Tierra de Jesús, en Ucrania, en Siria y en Irak”. Además, ha pedido por el respeto de los derechos humanos y la libertad religiosa en todas partes, “y que ponga su mano para que se detenga la terrible epidemia del ébola que amenaza a los pueblos de África”.

Texto extraido de: http://infocatolica.com/blog/infories.php/1409160931-el-arzobispo-de-sevilla-alert

lunes, 8 de septiembre de 2014

Obispo Munilla entrevista en ETB2 septiembre 2014

Para tener comunión en la fe tenemos que dejar aparcadas las ideologías

Mons. Munilla aboga por profundizar en la sensibilidad hacia el débil, frente a la ‘ideología del descarte’

El obispo de San Sebastián ha sido el invitado del programa «Por fin Viernes» de ETB2. En una entrevista de casi una hora de duración y presentado como «un obispo que habla claro» que «no deja a nadie indiferente», Mons. José Ignacio Munilla respondió a todas las preguntas que le realizaron el presentador, Jon Bilbao, así como los colaboradores del programa y miembros del público.
7/09/14 9:24 AM
 
 
(HO/InfoCatólica) El prelado no evadió contestar a las cuestiones más espinosas y respondió a todas las preguntas y asuntos que se le plantearon; también a los más polémicos. Entre otras cuestiones, el prelado habló del aborto, la homosexualidad, de la situación en la diócesis, de la crisis económica, del episcopado y de y los cambios en la jerarquía eclesiástica tras el relevo de Mons. de Rouco Varela, o del Papa Francisco, al que continuamente citó.

Comunión episcopal

Monseñor Munilla empezó por responder sobre la situación del Episcopado español después de la marcha de Monseñor Antonio María Rouco Varela: comenzaba el Obispo de San Sebastián señalando que tras los cambios en la CEE «vivimos una etapa nueva, ilusionante» y que las contraposiciones que algunos intentan ver en el seno de la Conferencia Episcopal «no se sostienen con el contraste objetivo de la realidad».

Recordaba en este sentido que el relevo de Mons. Rouco por Mons. Blázquez contó con el apoyo casi unánime de los obispos, y enfatizó la gran comunión interna que existe en el episcopado español: «no conozco otro colectivo en el que haya una comunión interna tan grande». «Hemos crecido, la noticia es la comunión, no la división».

En este sentido, rechazaba el que se traslade a la Iglesia, como se hace a menudo en los medios de comunicación, el esquema «izquierda-derecha, conservador-progresista»: la lectura política de la Iglesia es muy recurrente, pero no es real.

Nacionalismos e Iglesia

«¿Existe la Iglesia vasca?», le preguntó Jon Bilbao: «Existe en primer lugar la Iglesia Católica, que se caracteriza por ser universal: no somos una iglesia nacional, a diferencia de la ortodoxa. Yo más bien diría que no somos la Iglesia «de» el País Vasco, sino «en» el País Vasco, lo que es un matiz importante. Una iglesia que es también sanadora de nuestras crisis locales, lo que no quiere decir que luego la Iglesia no esté llamada a encarnarse en cada localidad con sus peculiaridades.

«Un obispo no está para defenderse a sí mismo»

En relación a la carta de 96 sacerdotes emitida a principios del pasado agosto criticando su gestión, afirmaba Monseñor: «sería impropio del obispo contestar a unos sacerdotes que han escrito una carta contra él en los medios de comunicación. El obispo tiene que hablar con ellos personalmente, en los consejos internos que tiene la Iglesia», señalando que se celebrarán estas reuniones en septiembre.

«Un obispo está para predicar la fe de la Iglesia y no para defenderse a sí mismo», subrayaba, para añadir que «aunque tengamos problemas internos, que ya empezaron con mi llegada, tenemos una gran oportunidad: la recepción y grado de acogida muy grande que ha tenido el Papa Francisco, o que la catolicidad puede ser subsanadora de las crisis locales».

«En la Iglesia pienso que las ideologías las tenemos que dejar aparcadas y tenemos que vivir no de la ideología, sino de la comunión y del Magisterio. Para tener comunión en la fe tenemos que dejar aparcadas las ideologías; si no, tendremos un serio problema», abogaba después Mons. Munilla.

Munilla defendió también la asignación voluntaria a la Iglesia Católica de los ciudadanos través de la correspondiente casilla del IRPF: «me molesta que no se deje libertad al contribuyente en Guipúzcoa, cuando se le da libertad para que elija en Vizcaya y en Álava».

Aborto

La cuestión se abordaba seguidamente, cuando la colaboradora del programa y periodista de Radio Euskadi Loreto Larumbe le preguntaba al obispo si en este contexto de defensa de la libertad «las mujeres tienen que tener libertad para decidir cuándo y cómo ser madres».

«Una cosa es decidir cuándo y cómo ser madre, que debe decidirlo la mujer, y otra cosa es cuando ya se es madre pretender decidir cuándo dejar de serlo, porque la libertad de uno termina allí donde hay un bien objetivo del que no tengo derecho a ignorar su presencia. Y donde existe ya un ser humano, no tengo ya derecho a decidir si soy madre o no: madre ya lo es. En este momento la pregunta está en: ¿yo tengo derecho a acabar con la vida de un niño ya concebido?», contestaba Mons. Munilla.

Preguntado por el empresario y el contertulio del programa Javier Gararisoain sobre la dureza del corazón que lleva a aceptar el drama del aborto, ya sea en general o en algunos casos, el obispo respondía en primer lugar recordando a la Madre Teresa de Calcuta, cuyo 17 aniversario de fallecimiento se cumplía precisamente este viernes 5 de septiembre, y en su firme lucha contra el aborto, que abanderaba en parte con la adopción como alternativa: «yo creo que la clave está en que profundicemos en la sensibilidad hacia el débil, frente a la ideología del descarte de la que habla el Papa Francisco».

Y contaba en este sentido una reciente testimonio: «hace un par de semanas me escribió un joven adulto de Valencia, que me decía:
«Yo siempre he sido un proabortista. Pero iba en el tren de cercanías de Valencia y se subió una madre con un niño Síndrome de Down. Se sentaron delante de mí; iban agarrados de la mano y yo pensé: ‘mira cómo se protegen’. El niño sd. de Down se asomó a la ventana y se quedó maravillado, mirando a su madre como diciendo ‘¡mira lo que estoy viendo!’ Yo pensé que estaba viendo un pájaro, un conejo o algo especial, no entendía lo que el niño veía, su madre se acercó, compartía con él su admiración… hasta que me di cuenta de que ese niño ser estaba admirando por algo que a mí me parecía aburrido, la vida, y se sentaron los dos, continuaron con la mano agarrada y me di cuenta de que no solo se protegían: se amaban, se querían».
Y terminaba este chico: «se bajaron en la siguiente estación y yo le puedo decir que tras esta experiencia dejé de ser abortista. Descubrí que un niño con Síndrome de Down puede tener un grado de sensibilidad, de admiración por el don de la vida, que a mí me dejó conmovido».

Homosexualidad

Desde el público, un joven de 27 años que se presentaba como activista gay y orgulloso de haber sido educado fuera de la religión le preguntaba sobre este tema y si consideraba que de ser heterosexual sería mejor persona.

Monseñor señalaba: «obviamente, el hecho de ser homosexual o heterosexual no cambia en absoluto la condición de ser una mejor persona, eso está fuera de toda discusión. La Iglesia no entra a juzgar la consideración técnica de lo que es la homosexualidad. Cuando al Papa, en la rueda de prensa en el avión de vuelta de Río de Janeiro se le preguntó por este asunto, recordó que como católico está obviamente plenamente adherido a lo que recoge el Catecismo de la Iglesia, esa es la visión de la Iglesia, Nosotros no creemos en la ideología de género, que da una explicación de la sexualidad al margen de la antropología cristiana y que consideramos contraria a la verdad moral. Lo que dijo el Papa es que si hay una persona que quiere seguir ese camino quién es él para juzgarla».

«Cuando se habla de «curar», una cosa es curar una enfermedad y otra acompañar a las personas que tienen sus heridas. La Iglesia lo que hace es acompañar. Todos tenemos heridas afectivas, y consecuencias de nuestras heridas afectivas». Y añadía el obispo: «Obviamente, la Iglesia tiene su acompañamiento a las personas que tienen sus tendencias sexuales, que quieren vivir la virtud de la castidad, que es común para todo mundo, tenga la condición que tenga, y ayudarles a vivir el Evangelio de la Vida, de la castidad y del amor, que es común para todo el mundo».

enlace: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=21866

jueves, 7 de agosto de 2014

Obstinada intención de que la Iglesia Católica modifique su doctrina

No queremos que Él reine sobre nosotros

Aunque se trata de una denuncia con tendencia universal, es de justicia advertir que este pensamiento está potenciado sobre todo en Europa occidental y América, especialmente en las sociedades que viven el efecto atroz del materialismo y el laicismo.
11/07/14 5:05 PM

De la parábola de las «diez minas» extraemos esa frase que intitula el artículo para señalar lo que HOY está sucediendo dentro de la misma catolicidad: «No queremos que Cristo reine sobre nosotros». Y, ¿cual es uno de los signos más evidentes de este rechazo a Dios?: pues la obstinada intención de que la Iglesia Católica modifique, o abiertamente niegue, su doctrina (que es la doctrina de Cristo) para adaptarla a la subjetividad humana. Y, complementando a lo dicho, que el ser humano renuncie a la conversión personal ya que «no le haría falta» para llegar al cielo. Así, unos y otros, unidos por la mentira, expresamos que «No queremos que Cristo reine sobre nosotros».

Aunque se trata de una denuncia con tendencia universal, es de justicia advertir que este pensamiento está potenciado sobre todo en Europa occidental y América, especialmente en las sociedades que viven el efecto atroz del materialismo y el laicismo. Es sencillo de detectar pero a la vez es muy difícil de contrarrestar. Lo vemos con un ejemplo: Ante un caso de moral matrimonial, como el de un católico casado por lo civil que, por vivir en concubinato, no puede recibir la comunión, lo que inmediatamente se EXIGE a la Iglesia es que, como reflejo de la misericordia divina, no impida la recepción de la Eucaristía a esta persona creyente.

Y como nos encontramos ante el sexto mandamiento que prohíbe la fornicación y la tipifica de pecado mortal, entonces la «solución» es que la Iglesia Católica o bien cambie su doctrina, para adaptarla a los tiempos, o escudriñe la manera de saltarse esa doctrina haciendo «encajes de bolillos morales» para que sin reformar la situación de pecado a la vez se pueda acceder a la comunión. Pero, y aquí está lo más grave: DE NINGÚN MODO se plantea, ni siquiera como posibilidad, que la persona que vive en pecado grave deje de hacerlo a través de una conversión sincera que lleve aparejada la ruptura de esa unión ilícita o, si ello no es posible por causas mayores (hijos de esa unión) al menos el propósito firme de vivir como hermano y hermana. Sin embargo de eso NO hay nada: ni entra en el debate siquiera. La idea es QUE LA IGLESIA CAMBIE, y no es QUE YO CAMBIE.
Es lo mismo que decir: «No es Cristo quien reina sobre mi, sino yo sobre Cristo que se adapta a mi voluntad desde una Iglesia que se amolda a mi pecado». Esto significa el FIN de la catequesis encaminada a la conversión personal y la definitiva conversión de la Iglesia es una ONG de matiz humanista con funcionamiento democrático: sin una verdad objetiva y a la vez con «verdades» que dependan del consenso mayoritario.

¿Exagerado el argumento?.....no lo creo, pienso que es un argumento realista sobre la base de un ejemplo de moral que podría trasladarse al resto de los mandamientos de Dios y de la Iglesia. Hoy día muchos católicos llegan a creer firmemente que es la Iglesia quien ha de cambiar la doctrina, y no que sea cada uno de nosotros, los bautizados, los que hemos de cambiar nuestra conciencia y nuestro corazón. En relación a la conciencia, para dejarse formar por la Iglesia verdadera que es el «Cuerpo Místico de Cristo»; y en relación al corazón para empezar por hacer propio el mandato primero «Amarás a Dios sobre todas las cosas», lo que incluye amar a Dios por encima de la propia visión personal de la realidad que, normalmente, está viciada por los efectos del pecado original y la reiteración de los pecados personales.

Somos nosotros los que hemos de convertirnos. No pretendamos «ser como dioses» (tentación del paraíso en Génesis) y creer que desde nuestro YO podemos decidir lo bueno y lo malo. Si seguimos por este diabólico camino, dentro de poco...o quizás ya....la Iglesia habrá perdido toda tensión misionera y apostólica al apostar preferentemente por el «diálogo con las nuevas situaciones de vida (o sea de pecado) por encima de la evangelización que suscite la conversión personal para que se LUCHE contra el pecado en lugar de pretenden integrarlo como normal en la vida cristiana, y, peor aún, en la misma praxis sacramental.

P. Santiago González, sacerdote

jueves, 26 de junio de 2014

El Papa Francisco advierte que en la Iglesia «nadie va por libre»

Catequesis sobre la importancia de pertenecer a la Iglesia

El Papa advierte que en la Iglesia «nadie va por libre»

«La importancia de pertenecer a la Iglesia». Éste fue el tema elegido por el Santo Padre en la audiencia de hoy, quien continuando con la temática del miércoles anterior, resaltó que la base de la identidad cristiana consiste en formar parte de este Pueblo. Insistió en que a la Iglesia no llegamos solos, »no sólo somos cristianos gracias a otros, sino que únicamente podemos serlo junto con otros. En la Iglesia «nadie va por libre», dijo. 

25/06/14 5:32 PM
(RV/infoCatólica) Catequesis del Papa Francisco en la audiencia de hoy, miércoles 25 de junio:
Queridos hermanos y hermanas, ¡buenos días!
Hoy hay otro grupo de peregrinos conectados con nosotros en el Aula Pablo VI. Son peregrinos enfermos. Porque con este tiempo, entre el calor y la posibilidad de lluvia, era más prudente que ellos permanecieran allí. Pero ellos están conectados con nosotros a través de una pantalla gigante. Y así, estamos unidos en la misma Audiencia. Y todos nosotros hoy rezaremos especialmente por ellos, por sus enfermedades. Gracias.

En la primera catequesis sobre la Iglesia, el miércoles pasado, comenzamos por la iniciativa de Dios que quiere formar un Pueblo que lleve su bendición a todos los pueblos de la tierra. Empieza con Abraham y luego, con mucha paciencia – y Dios tiene, tiene tanta- con tanta paciencia prepara este Pueblo en la Antigua Alianza hasta que, en Jesucristo, lo constituye como signo e instrumento de la unión de los hombres con Dios y entre nosotros (cf. Concilio Ecuménico Vaticano II, Lumen gentium, 1). Hoy vamos hacer hincapié en la importancia que tiene para el cristiano pertenecer a este Pueblo. Hablaremos de la pertenencia a la Iglesia.

1. Nosotros no estamos aislados y no somos cristianos a título individual, cada uno por su lado, no: ¡nuestra identidad cristiana es pertenencia! Somos cristianos porque nosotros pertenecemos a la Iglesia. Es como un apellido: si el nombre es «Yo soy cristiano», el apellido es: «Yo pertenezco a la Iglesia.» Es muy bello ver que esta pertenencia se expresa también con el nombre que Dios se da a sí mismo. Respondiendo a Moisés, en el maravilloso episodio de la «zarza ardiente» (cf. Ex 3,15), de hecho, se define como el Dios de tus padres, no dice yo soy el Omnipotente, no: yo soy el Dios de Abraham, Dios de Isaac, Dios de Jacob. De este modo,
Él se manifiesta como el Dios que ha establecido una alianza con nuestros padres y se mantiene siempre fiel a su pacto, y nos llama a que entremos en esta relación que nos precede. Esta relación de Dios con su Pueblo nos precede a todos nosotros, viene de aquel tiempo.
2. En este sentido, el pensamiento va primero, con gratitud, a aquellos que nos han precedido y que nos han acogido en la Iglesia. ¡Nadie llega a ser cristiano por sí mismo! ¿Es claro esto? Nadie se hace cristiano por sí mismo. No se hacen cristianos en laboratorio. El cristiano es parte de un Pueblo que viene de lejos. El cristiano pertenece a un Pueblo que se llama Iglesia y esta Iglesia lo hace cristiano el día del Bautismo, se entiende, y luego en el recorrido de la catequesis y tantas cosas. Pero nadie, nadie, se hace cristiano por sí mismo. Si creemos, si sabemos orar, si conocemos al Señor y podemos escuchar su Palabra, si nos sentimos cerca y lo reconocemos en nuestros hermanos, es porque otros, antes que nosotros, han vivido la fe y luego nos la han transmitido, la fe la hemos recibido de nuestros padres, de nuestros antepasados y ellos nos la han enseñado. Si lo pensamos bien, ¿quién sabe cuántos rostros queridos nos pasan ante los ojos, en este momento? Puede ser el rostro de nuestros padres que han pedido el bautismo para nosotros; el de nuestros abuelos o de algún familiar que nos enseñaron a hacer la señal de la cruz y a recitar las primeras oraciones. Yo recuerdo siempre tanto el rostro de la religiosa que me ha enseñado el catecismo y siempre me viene a la mente - está en el cielo seguro, porque es una santa mujer - pero yo la recuerdo siempre y doy gracias a Dios por esta religiosa - o el rostro del párroco, un sacerdote o una religiosa, un catequista, que nos ha transmitido el contenido de la fe y nos ha hecho crecer como cristianos. Pues bien, ésta es la Iglesia: es una gran familia, en la que se nos recibe y se aprende a vivir como creyentes y discípulos del Señor Jesús.
3. Este camino lo podemos vivir no solamente gracias a otras personas, sino junto a otras personas. En la Iglesia no existe el «hazlo tú solo», no existen «jugadores libres». ¡Cuántas veces el Papa Benedicto ha descrito la Iglesia como un «nosotros» eclesial! A veces sucede que escuchamos a alguien decir: «yo creo en Dios, creo en Jesús, pero la Iglesia no me interesa». ¿Cuántas veces hemos escuchado esto? Y esto no está bien. Existe quién considera que puede tener una relación personal directa, inmediata con Jesucristo fuera de la comunión y de la mediación de la Iglesia. Son tentaciones peligrosas y dañinas. Son, como decía Pablo VI, dicotomías absurdas. Es verdad que caminar juntos es difícil y a veces puede resultar fatigoso: puede suceder que algún hermano o alguna hermana nos haga problema o nos de escándalo. Pero el Señor ha confiado su mensaje de salvación a personas humanas, a todos nosotros, a testigos; y es en nuestros hermanos y en nuestras hermanas, con sus virtudes y sus límites, que viene a nosotros y se hace reconocer. Y esto significa pertenecer a la Iglesia. Recuérdenlo bien: ser cristianos significa pertenencia a la Iglesia. El nombre es «cristiano», el apellido es «pertenencia a la Iglesia».

Queridos amigos, pidamos al Señor, por intercesión de la Virgen María, Madre de la Iglesia, la gracia de no caer jamás en la tentación de pensar que se puede prescindir de los otros, de poder prescindir de la Iglesia, de podernos salvar solos, de ser cristianos de laboratorio. Al contrario, no se puede amar a Dios sin amar a los hermanos; no se puede amar a Dios fuera de la Iglesia; no se puede estar en comunión con Dios sin estar en comunión con la Iglesia; y no podemos ser buenos cristianos sino junto a todos los que tratan de seguir al Señor Jesús, como un único Pueblo, un único cuerpo y esto es la Iglesia. Gracias.

Texto extraido de: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=21217

miércoles, 25 de junio de 2014

Monseñor José Ignacio Munilla responde a Ararteko (Defensor del Pueblo en el País Vasco) sobre el aborto

¡Ya es madre!

La vida en el seno materno no es considerada como vida humana hasta que no forme parte de nuestras aspiraciones. ¡Es el colmo del relativismo!
24/06/14 4:39 PM
El título elegido por Julia Hernández, Adjunta al Ararteko (Defensor del Pueblo en el País Vasco), para su artículo «Quiero ser madre, o no» (21.06.14), no deja lugar a dudas sobre la tesis central de su alegato pro abortista: ¡La maternidad es una elección subjetiva! Según la Adjunta al Ararteko, no es de recibo una regulación que pretenda proteger la vida del ‘nasciturus’, porque obligaría a la mujer a convertirse en madre contra su propia voluntad.

Pero, ¿es posible que se le escape a alguien la falacia que se esconde tras la tesis de que «a nadie se le puede obligar a ser madre»?... Obviamente, en el caso que nos ocupa, la mujer embarazada ya es madre. Ahora, de lo que se trata, es de si cabe invocar un supuesto derecho a acabar con la vida de su hijo. Dice el refrán que «la realidad es muy tozuda», hasta el punto de que es imposible realizar un correcto discernimiento, sin partir de ella: ¡El niño ya está ahí! ¡La mujer ya es madre!… El aborto libre no permite elegir entre ser o no ser madre, sino entre ser madre de un hijo vivo o de un hijo muerto. Y la única forma de ocultar esta realidad, es seguir la estrategia del avestruz, escondiendo la cabeza debajo de la tierra.

Por lo demás, supongo que nadie se atreverá a defender abiertamente la tesis de que la maternidad comienza en el parto, porque, entre otras cosas, tendría que vérselas con su propia madre… ¿Quién de nosotros no le ha escuchado a su madre el relato sobre cómo transcurrió «su» embarazo, con frecuencia, lleno de detalles emocionantes?

El problema de fondo, a mi modo de ver, estriba en que nuestra cultura ha endiosado el deseo subjetivo del individuo, hasta el punto de convertirlo en ideología. Nuestra relación con la realidad, en no pocos casos, es semejante a la manipulación del barro o de la plastilina. La realidad no es aceptada, sino que es subordinada al propio deseo: La vida en el seno materno no es considerada como vida humana hasta que no forme parte de nuestras aspiraciones. ¡Es el colmo del relativismo! Y es que, el olvido de nuestra vocación social y comunitaria, orientada a la búsqueda del bien común, ha hecho que la «ideología del deseo» se convierta en el dogma supremo del postmodernismo. ¡El propio deseo es dios, por encima de toda racionalidad! Para explicar el origen de esta gran distorsión de la realidad, decía Gilles Lipovetsky, filósofo y sociólogo francés: «Con Nietzsche ha entrado en Occidente una mentalidad que desprecia la abnegación y estimula sistemáticamente los deseos inmediatos».

Por lo demás, y más allá de las precedentes reflexiones éticas, considero necesario recordar que la finalidad de la institución del Ararteko, es la de defender el conjunto de los derechos de todos los individuos en el País Vasco, tal y como son reconocidos en nuestro marco jurídico. Por ello, pienso que esta Institución no puede dejar en el olvido la sentencia del Tribunal Constitucional de 1985, en la que se reconocía el deber de tutelar el derecho a la vida del ‘nasciturus’. Dicho de otro modo: al Ararteko también le corresponde defender los derechos de los no nacidos, aunque todavía no puedan votar, ni tengan carnet de identidad.

En el citado artículo de la Adjunta al Ararteko, podemos leer la siguiente frase: «El Estado, en cualquier caso y lugar, ha de procurar que todo ser humano NACIDO tenga las mejores condiciones de vida». Pero… ¿de dónde se ha colado en la frase el término «NACIDO»? En el artículo tercero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, ciertamente, se dice otra cosa: «Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona». Afortunadamente, en aquella declaración de la ONU de 1948, todavía no se había introducido furtivamente la condición de tener que ser un individuo NACIDO, para poder ser receptor de los derechos humanos.

Tengo muy claro que estamos en un estado aconfesional. Pero, obviamente, en un estado aconfesional y democrático, todos podemos –y debemos– participar en el debate social; en este caso, en el debate sobre el aborto. Sin embargo, me parece importante subrayar que los argumentos que he utilizado en este artículo, no son específicamente religiosos. La Adjunta de Ararteko argumenta en su artículo que hay católicos que se manifiestan a favor del aborto. Se olvida de añadir que también hay agnósticos que son defensores de la defensa de la vida del no nacido. Por ello, se equivocan de forma radical quienes acusan a la Iglesia de querer imponer unos valores católicos a toda la sociedad. El reconocimiento de la dignidad de la vida humana no es un valor exclusivamente religioso, sino que debería ser el suelo ético común de una sociedad plural en la que hay sitio para todos.

Por otra parte, la Iglesia no tiene la pretensión de representar al conjunto de la ciudadanía, al contrario de la institución del Ararteko. Y por ello, me atrevo a solicitar a esta Institución –que debiera ser de todos los vascos–, que no tome partido ideológico por el feminismo radical. Solo así podrá cumplir con su vocación de abanderar la defensa de los derechos de todos los vascos y vascas… ¡También de los no nacidos!

+ José Ignacio Munilla, obispo de San Sebastián

Texto extraido de: http://infocatolica.com/?t=opinion&cod=21197