(Portaluz/InfoCatólica) Algunas de las señas de
identidad de la masonería son el relativismo, el laicismo y su oposición
a la Iglesia católica, afirma el teólogo y experto español Manuel
Guerra Gómez, quien advierte además que también han celebrado reuniones
en el Vaticano.
Décadas investigando el tema, varios libros e
informes publicados y con dos amenazas de muerte encima, el valiente
sacerdote dice estar en las manos de Dios. No teme en volver a denunciar
-en esta entrevista concedida en exclusiva a Portaluz y realizada por
el periodista español Enrique Chuvieco- la existencia de prácticas
satánicas en distintas logias masónicas, el secretismo mayoritario en
que se mueven… o mencionar a distintos gobernantes vinculados a la
masonería, entre ellos, la presidenta chilena Michelle Bachelet.
(Pulse aquí
para leer nota de la Presidencia de la República de Chile que informa
de la visita que Bachelet realizó a la Gran Logia Masónica este 18 de
octubre, donde esa presidenta señaló explícitamente a los masones: «Han
sido los grandes aliados de los proyectos de avanzada para nuestro
país,…. como la separación entre los poderes del Estado y la Iglesia»…
«Y en esta construcción que nos es común, los cinceles, niveles,
compases y escuadras masónicas, serán esenciales para dar forma y
destino al futuro de nuestra patria»)
Recuerda además Guerra, que la doctrina eclesial
establece como incompatible el ser católico y masón. A pesar de esto,
observa con preocupación, «el paradigma cristiano está siendo sustituido
por otro relativista, sincrético, laicista y naturalista, o sea,
masónico». Adelanta que así «puede surgir la tensión, la división
interna y hasta la ruptura» entre los católicos. Para no llegar a esto,
alude a épocas cruciales anteriores, en las que «los santos son los que
aciertan a intervenir en sintonía con el querer de Dios, también los que
hacen la corrección fraterna, incluso a los papas».
Usted es uno de los mayores expertos en masonería, ¿cuál es la
doctrina y los objetivos de la masonería actualmente y si estos difieren
de épocas anteriores?
Para responder a esto se necesitaría un libro voluminoso. Los masones
suelen decir que no tienen «verdades», ni «principios», «ni dogmas».
Pero del dicho al hecho hay mucho trecho. Por «principios» se entienden
las convicciones supremas que conforman el pensar y el obrar de los
individuos e instituciones. He aquí los principios básicos de la
masonería:
a) El relativismo, «todo es relativo menos que todo es relativo».
Pero un relativismo no epistemológico, sino sociocultural e histórico, o
sea, no hay verdad y bondad absoluta, es decir, válidas para todos los
tiempos y regiones. «Nadie puede decir: esta es la verdad. Por tanto
todos tienen la capacidad de tomar decisiones, porque la verdad absoluta
no existe» (Jorge Carvajal, Gran Maestro de la Gran Logia de Chile,
mayo 2004). Todo depende de la circunstancialidad sociocultural de cada
época.
b) El laicismo, que condena al arresto domiciliario lo religioso
específico, las religiones existentes, especialmente lo católico,
recluyéndolo al foro de la conciencia individual y dentro de los
templos. Reserva los espacios públicos para lo común a todas las
religiones. De ahí, fuera los signos religiosos (crucifijo, etc.,) de
las calles, colegios, hospitales, colgantes al cuello mientras no se
está en casa, eliminación de las clases de religión, etc.; asentamiento
de la «escuela laica» (laicista), constitución laica, leyes laicas, etc.
c) El método masónico consiste en la necesidad de someter cualquier
tema o cuestión a la libre discusión de modo que la solución dependa de
la capacidad dialéctica de los dialogantes o del parecer o voto de la
mayoría. Por eso, «demócratas auténticos son los laicos», o sea los
laicistas, los masones, según afirmaba el Gran Maestro del Gran Oriente
de Francia durante su visita a Asturias (España) el invierno 2007/2008.
d) El naturalismo, es decir la eliminación de todo lo sobrenatural
(revelación divina, milagros, dogmas religiosos, etc.,). El hombre debe
guiarse por la luz de los sentidos, de la experiencia, de la ciencia y
de la razón, no por la luz de la fe religiosa.
Dentro de la masonería, ¿hay una unidad doctrinal y de objetivos?
¿Existe un dirigente máximo o un grupo de personas dirigentes a escala
mundial?
Hay unidad doctrinal y de objetivos en la medida en que todas las
Obediencias o Potencias (igual a distintas ramas del gigantesco árbol
masónico) aceptan ciertamente y practican los principios ya señalados.
Aunque lo han intentado, no hay una dirección suprema individual o
colectiva (cf. capítulo III: ¿masonería o masonerías? en mi obra
Masonería, religión y política, editorial Sekotia, Madrid 2013 -5ª
edición- pp.63-84). En Iberoamérica aspiran a la unificación
(organizativa, administrativa, etc.,) de las «masonerías» en una sola
«masonería». De ahí la existencia de la «Confederación de Masonería
Interamericana» (CMI), fundada en Montevideo en 1947; la «Confederación
Interamericana de Masonería Simbólica (CIMAS)», de logias mixtas,
masculinas-femeninas, fundada en 2002. A su 5º encuentro en Barranquilla
(Colombia), año 2009, asistieron miembros de CIMAS de Argentina,
Brasil, Colombia, Chile, Ecuador, Méjico, Perú y Uruguay; la
«Confederación Americana de Grandes Logias Femeninas» fundada en
Montevideo, año 2010, etc. Ahora tratan de unirse entre ellas para crear
un solo «Espacio Masónico Americano».
El jesuita Ferrer Benimelli ha dicho que es compatible ser católico
con ser masón. A su juicio, ¿esto es posible? ¿Por qué la Iglesia
siempre ha alertado sobre la incompatibilidad entre catolicismo y
masonería?
En primer lugar, conviene tener en cuenta que Ferrer Benimelli se ha
iniciado en la masonería y que su nombre iniciático o de uso interno es o
al menos era hace pocos años «Danubio (Azul)». Un tópico de los masones
y de los escritores filomasónicos consiste en afirmar la posibilidad de
la «doble pertenencia», a saber, ser católico y masón al mismo tiempo,
pues está superado el enfrentamiento radicalizado, la lucha solapada y
descubierta, entre la masonería y la Iglesia, que hubo en tiempos
pasados. El nuevo Código de Derecho Canónico (vigente desde el
27.11.1983) ha eliminado la excomunión explícita establecida en el
anterior (canon 2335), promulgado el 27.5.1917. Pero más o menos
implícitamente la conserva, aunque con un enunciado más genérico para
las asociaciones «que pelean» contra la Iglesia católica: «El inscrito
en una asociación que maquina contra la Iglesia debe ser castigado con
una pena justa; pero quien promueve o dirige una asociación así sea
castigado con entredicho» (cn. 1374).
El día anterior (26.11.1983) a la promulgación del nuevo Código, la
Congregación de la Doctrina de la Fe, presidida por el entonces cardenal
Joseph Ratzinger, con la aprobación del papa san Juan Pablo II, publicó
una Declaración sobre las asociaciones masónicas. En ella se afirma:
«Se mantiene inmutable el juicio negativo de la Iglesia respecto a las
asociaciones masónicas, ya que sus principios han sido considerados
siempre inconciliables con la doctrina de la Iglesia y por lo mismo la
adscripción a las mismas permanece prohibida. Los fieles que pertenecen a
las asociaciones masónicas están en estado de pecado grave y no pueden
acceder a la sagrada comunión» (Acta Apostolicae Sedis, 76, 1984, p.
300).
Desde la primera condena pontificia de la masonería (Clemente XII,
año 1738, tan solo 21 años después de la fundación de la masonería
especulativa o moderna en 1717) hasta 1980 sigue una serie
ininterrumpida de 371 documentos pontificios de cierta entidad y más de
dos mil referencias papales contra la masonería. Con excomunión y
condena o sin ellas la masonería es y seguirá siendo «inconciliable» con
la Iglesia católica a no ser que cambie sus «principios», o sea, si no
deja de ser masonería, la actual.
Está claro que no se puede ser católico y masón al mismo tiempo,
¿pero no hay algunos aspectos en que sean posibles la colaboración?
Esta colaboración es posible en los grandes desafíos y tareas de la
humanidad, por ejemplo, para erradicar enfermedades y epidemias, para
combatir la pobreza, la injusticia, la corrupción, la discriminación,
etc., en sus diversas manifestaciones. Pero es muy difícil e incluso
arriesgado colaborar y dialogar con alguien que lo hace encapuchado y
hasta disfrazado, aunque simule hacerlo a cara descubierta. Las
religiones e ideologías terminan por conformar su respectiva cultura. Es
más fácil enhebrar el diálogo intercultural que el interreligioso.
Pero, hasta en este ámbito, el diálogo con la masonería encuentra
especiales dificultades, pues, aparte del secreto masónico, su laicismo
–abierta o solapadamente- aspira a arrinconar lo específico de las
religiones, sobre todo del cristianismo.
¿Observa vinculaciones entre la masonería y la práctica satánica?
¿Puede aportar nombres que mantengan o hayan mantenido esta práctica?
En mi Diccionario enciclopédico de las sectas (B.A.C., Madrid 20135
s. v. demonismo) describo más de cien sectas demoniacas en las tres
ramas del demonismo, a saber, el luciferismo, el satanismo y la
brujería. Varias han sido fundadas por masones y otras muchas se han
inspirado en la masonería. Pero la masonería no rinde culto a Satanás,
sino a Lucifer. Según la doctrina cristiana, «Demonio, Lucifer, Satanás,
etc.,» son términos sinónimos; la masonería los diferencia. La
masonería venera a Lucifer. Los rituales de los grados 3º al 14º giran
en torno a la leyenda de Jirán Abí (castellanización del hebreo Hiram
Abif) insertada en la tradición luciferina.
Además, en el rito de iniciación del grado 29º del Rito Escocés
Antiguo y Aceptado Lucifer/Baphomet es llevado en «procesión» alrededor
del «templo» o sala de reuniones. A su paso se le «adora» haciendo la
genuflexión con la pierna izquierda, no con la derecha como los
católicos ante el Santísimo o Jesucristo-Eucaristía. Para la masonería,
Lucifer es –de acuerdo con la etimología de esta palabra- el «Portador
de la Luz». Lo representan como el Prometeo de la mitología griega
erguido, en actitud desafiante, levantando el brazo con la antorcha en
la mano, que despide llamaradas simbólicas de la luz de la Razón, de la
Ilustración y de la Ciencia. Así estaba en el suelo junto al Rockefeller
Center, sede de la Gran Logia Rockefeller, hasta que fue trasladado a
las afueras de Nueva York en 1992.
Es evidente que durante siglos la masonería tuvo una actividad
secreta de la que parece haber abdicado, ¿existen todavía logias que
practiquen este ocultismo?
Me sorprende esta pregunta. Los masones se presentan como una
organización «discreta», incluso se ha convertido en un tópico la frase
del filósofo Johann G. Fichte (1762-1814), masón al menos desde que, en
1793, se inició en una logia de Danzig, «el mayor secreto de los masones
es que no tienen ningún secreto», si bien él añade: «se ha dicho a
veces en broma». Pero de hecho ha sido y es «secreta». Más aún, según
Giuliano di Bernardo, Gran Maestro del Gran Oriente de Italia y luego de
la Gran Logia Regular de Italia, «lo específico de la antropología
masónica es el secreto iniciático», o sea, que puede conocerse, pero
solamente se conoce iniciándose, haciéndose masón. Muestras evidentes de
la naturaleza secreta de la masonería son la invención y uso del
alfabeto masónico (además del básico, uno distinto en diferentes grados)
si bien al parecer sus signos están cayendo en desuso, el «nombre
simbólico» de uso exclusivamente interno, la escala de los grados (cada
masón conoce los grados en los que se ha iniciado, no los demás y
superiores), sus organizaciones-pantalla, las logias encubiertas, las
fraternidades masónicas y el juramento de guardar secreto de fórmula
terrorífica (cf. M. Guerra, Masonería, religión y política, pp. 45-62,
etc.,).
¿Pero qué son o en qué consisten las fraternidades masónicas, las
logias encubiertas y las organizaciones-pantalla de la masonería?
Estas organizaciones han sido medios eficacísimos para influir en la
sociedad y transformarla de cristiana en masónica, o sea, relativista,
laicista, etc. (cf. Vea en mi blog cómo ha influido e influye la
masonería en la sociedad).
1) Las fraternidades masónicas (fraternelles maçonniques en francés)
son logias de «hermanos» (frater en latín) o masones de la misma
profesión, pero de cualquier Obediencia y Rito, de la misma o de
diferentes naciones. Hay fraternidades de políticos (de distintos
partidos; en caso de diferencia e incluso oposición entre las consignas
de su partido y las de la masonería, prevalecen estas), de gobernantes,
de parlamentarios, de profesores, de financieros, de miembros
sindicales, de militares, de policías, etc.
Una de estas fraternidades médico-farmacéutica, capitaneada por
Pierre Simon (1925-2008), Gran Maestro de la Gran Logia de Francia, e
integrada por masones médicos franceses, belgas, holandeses y suizos fue
la que consiguió la separación de la sexualidad respecto de la
procreación (legalización de los anticonceptivos) y esta de la
paternidad (inseminación artificial), legalización del aborto, de la
experimentación con embriones vivos, etc., directamente en los países
francófonos e indirectamente –por imitación- en otros muchos países.
Imagínese su repercusión en las naciones iberoamericanas.
2) Logias encubiertas son aquellas cuya existencia es conocida
solamente por los masones pertenecientes a las mismas y a los grados
superiores (30º-33º). Sus miembros son masones de pleno derecho, pero
sin obligación de asistir a las reuniones ordinarias de las logias. Son
tan secretas –aunque menos que las fraternidades- porque de ordinario
las componen personalidades políticas, militares, periodistas, etc., que
así infiltran lo masónico más fácil y eficazmente en su entorno.
3) Las organizaciones-pantalla de la masonería. Carecen de
vinculación visible con la masonería, pero están condicionadas
totalmente por su pensamiento y directrices. No todos sus integrantes
son masones; sus directivos son o masones generalmente no conocidos como
tales o no masones, pero dóciles al talante y proyectos masónicos.
Entre estas organizaciones descuellan las apellidadas «laicas» (o sea,
laicistas) dedicadas a promover, por ejemplo, la educación masónica, es
decir, la «escuela/ educación pública y laica», a veces añaden «única».
Se ha vinculado la masonería en muchas ocasiones con el intento de
hacerse con el control político y económico mundiales, ¿qué hay de
cierto en todo esto? ¿Qué personas o grupos de poder estarían detrás de
este objetivo?
Se aspira a la instauración de un Nuevo Orden Mundial (NOM) con una
sola religión y ética (lo común a todas las religiones y a todas las
éticas, despojado de lo específico de cada una de ellas), una moneda
mundial, un ejército mundial, una banca mundial, un tribunal de justicia
mundial, una lengua mundial (no se ha conseguido mediante el esperanto
inventado por un masón), etc. Cada una de las fórmulas precedentes
debería ir precedida del calificativo «nuevo/a»; a veces «global»
sustituye a «mundial». La Iglesia «católica», o sea, universal, mundial,
considera al NOM malo no en si mismo, sino en la medida en que sea
relativista y laicista, y, por ello, necesitado de una «nueva
evangelización».
Los masones han sido y siguen siendo uno de los factores del NOM,
probablemente el principal. Y esto ya desde L´Encyclopedie. Precisamente
fue el Duque D´Antin, el primer Gran Maestro de la Gran Logia de
Francia, el que, en 1738, propuso, como corolario de la nueva moral
universal y de la unidad del género humano, redactar la Enciclopedia
francesa, portavoz del racionalismo, del naturalismo y de la
Ilustración. Su proyecto se discutió en las logias teniendo a los
masones Diderot y D´Alambert como abanderados. El primer paso oficial
hacia el NOM fue la Sociedad de Naciones, llamada «criatura de la
masonería» (Epiphanius), «superestado masónico» (Leon de Poncins). El
seis de diciembre de 1916 el Gran Oriente y la Gran Logia de Francia
remitieron a todas las logias de la Tierra la invitación para participar
en la celebración de una reunión en orden a poner en marcha la Sociedad
de Naciones. Tras varias reuniones en las logias y de políticos fuera
de ellas, uno de los presidentes masones de EE.UU, Wilson, adoptó
básicamente los 13 puntos de un congreso masónico y, en enero de 1918,
anunció la creación de la Sociedad de Naciones en el último de sus 14
puntos. La Sociedad de Naciones fue disuelta en abril de 1946 y sus
bienes traspasados a la ONU, recién creada. «Más del 50%» de sus
funcionarios y representantes, según una fuente autorizada, pertenecen a
la masonería. La institución de la Sociedad de las Naciones fue un modo
de celebrar el segundo centenario de la fundación de la masonería
moderna (1717-1917). ¿Qué estarán preparando para la celebración de su
tercer centenario (2017)? Todos los indicios apuntan hacia la promoción
del sincretismo religioso, un paso decisivo para implantar lo común a
todas las religiones. ¿La creación de un centro religioso global,
gerente de lo religioso, vinculado a la ONU, con el cual deberán
relacionarse los dirigentes de todas las religiones, como acaba de
afirmar (julio, 2014) el masón José Luis Rodríguez Zapatero,
expresidente del gobierno español (2004-2011) y como poco después ha
propuesto el masón Simon Peres, expresidente de Israel, al papa
Francisco?
Pero el poderío, más que en manos de los políticos, está en las de
los grandes financieros. Véase la clarividente prospectiva de Pío XI
sobre «el imperialismo internacional del dinero» en su encíclica
Quadragesimo anno (nºs 39-40; 15.5.1931). Mas los agentes del
«imperialismo económico» tienen también la marca de la escuadra y el
compás: los Rockefeller, los Rothschild, Morgan, etc. «Permitidme
fabricar y controlar el dinero de una nación y ya no me importa quién la
gobierna» (Rothschild). Son propietarios de bancos, de fundaciones y
compañías financieras, de universidades (educación de los futuros
dirigentes), etc.; ejercen un influjo enorme y a veces controlan la
Reserva Federal de EE.UU., el Banco Mundial, el Fondo Monetario
Internacional, el Bilderberggroup, la Trilateral, etc., (cf. Masonería,
religión y política…, pp. 259-292, 375-394).
Cuando los últimos Papas han alertado de la existencia de «jabalíes»
(Benedicto XVI) dentro del Vaticano, ¿se referían a que la masonería se
hubiera infiltrado en él? ¿Hay obispos masones o personajes
eclesiásticos relevantes vinculados con la masonería?
No recuerdo si Benedicto XVI ha usado la metáfora «jabalíes» hozando
dentro del Vaticano. Pero ciertamente ha habido dos logias que
celebraban sus reuniones en el Vaticano. Supongo que ya habrán
desaparecido. Más aún, sé que algunas personas de un gobierno
iberoamericano, en su gira por Europa, participaron en la «tenida»
(tecnicismo masónico para designar las «reuniones» de sus logias),
celebrada en el territorio del Estado vaticano. Parece lógico y hasta
obvio que la masonería haya pretendido atraer a miembros del clero
católico. En la Iglesia hay «trigo y cizaña», justos y pecadores. La
Iglesia, atenta a la advertencia de su fundador, Jesucristo, debe y sabe
esperar para no confundirlos y no arrancar antes de tiempo lo que es o
puede ser trigo, aunque parezca e incluso sea cizaña en un momento de su
existencia. Sobre los nombres, pueden verse varios en mi libro
Masonería, religión y política (pp.148-153, 402, etc.). Los he
consignado para que si algún obispo, presbítero o religioso siente la
tentación de iniciarse en la masonería y se ha olvidado del santo temor
de Dios, al menos no lo haga por temor del juicio de la historia. Pues,
como dijo Jesucristo aunque en otro contexto, «Nada hay encubierto que
no llegue a descubrirse, nada hay escondido que no llegue a saberse» (Lc
12,2).
¿Existen vínculos entre las logias y la reivindicación de los nuevos
derechos como la ideología de género, matrimonios homosexuales, aborto,
etcétera?
Sócrates dijo que «la impropiedad en el lenguaje daña no solo al
idioma, sino también al alma». Por eso, ha sonado la hora de corregir el
uso vulgar de algunas palabras diciendo «uniones homosexuales», no
«matrimonio»; «hombres y mujeres de tendencia homosexual», no «los/las
homosexuales». La ciencia ha demostrado que, en el ADN o código genético
de todos los individuos, hay gen masculino y gen femenino; no «gen
homosexual».
La masonería –no necesariamente todos los masones- ha sido
tradicionalmente la promotora del divorcio, control demográfico de la
natalidad, de la anticoncepción, del aborto, de la eutanasia, de la
homosexualidad, etc. Una «plancha» (documento masónico) del 12.3.1912
manda a todas las logias argentinas promover «candidatos liberales en la
próximas elecciones de diputados». ¿Por qué?: «Pues en el próximo
periodo parlamentario han de discutirse proyectos tendentes a
liberalizar nuestra legislación, proyectos como el del divorcio que no
son votados sino por representantes que profesan ideas liberales». ¿Cómo
hacer dicha promoción? «En forma profana», es decir, «sin que los
profanos (tecnicismo masónico designativo de los no masones) «capten que
reciben directrices de la masonería». De nuevo el secreto y su eficacia
(Cf. comprobantes en Maurice Caillet, Yo fui masón, Libros Libres,
Madrid 2008. El autor, médico ginecólogo, fue masón durante 15 años,
Venerable Maestro o director de una logia antes de bautizarse católico
en 1987); en mi Masonería, religión y política (pp. 342-349), también
Cómo cambiar la sexualidad humana y su ética en el blog ya citado.
¿Hay acuerdos o contactos entre los masones y los grupos islámicos radicales, como el Estado Islámico? ¿Tiene datos al respecto?
La masonería y el islam son antípodas. En el islam se regula todo (no
solo el culto y la ética, también lo político, administrativo,
judicial, comercial, penal y hasta la indumentaria) por El Corán y La
sunna o «tradición» (lo que Mahoma dijo e hizo, pero que no está escrito
en El Corán). Los yihadistas (jihad es igual «lucha acética», «guerra
santa») o musulmanes radicales tratan de imponer el islam e implantar la
sharia o régimen teocrático por la fuerza terrorista y bélica. Al
contrario, el laicismo masónico recluye lo religioso en el foro de la
conciencia y dentro de los templos. Luego parece ilógico y hasta
imposible que exista vinculación alguna entre masonería y el Estado
Islámico.
De hecho la masonería ha estado prohibida en todo el mundo islámico,
excepto en Turquía, Marruecos y Líbano. No obstante, desde mediados del
siglo XIX aparecen logias en los países musulmanes, cada una de ellas
vinculada con otra europea (francesa, inglesa, alemana o italiana), pero
sus miembros son durante mucho tiempo –en su gran mayoría- extranjeros
(diplomáticos, comerciantes, etc.,) o nativos de religiosidad islámica
débil y deslumbrados por el progreso europeo cristiano. La «Primavera
árabe» de 2011, de impronta occidental probablemente con infiltraciones
masónicas, ha sido un enfrentamiento mal calculado y por procedimientos
no democráticos. Antes, en Turquía, tras diversas vicisitudes, Mustafá
Kemal, conocido por Atartük («Padre de los turcos»), proclamó la
República Turca en 1923 e introdujo el estado confesional masónico,
transformando bruscamente el fundamentalismo islámico en otro laicista,
masónico. Lo consiguió haciendo numerosos «mártires» entre los
practicantes y defensores del islam tradicional. Su laicismo radical
perjudicó también a los cristianos (prohibición de construir iglesias
nuevas con la primera excepción en 2011; vedado a los cristianos el
poder seguir la carrera militar, prácticamente incluso el ser soldado,
etc.,). El presidente actual Erdogan, aunque masón, va suavizando la
radicalidad del laicismo turco.
«El genocidio armenio fue obra del Estado masónico» (Bernard Antony).
En tres años masacraron a algo más de dos millones de armenios
cristianos y un elevado número de sirocaldeos católicos por un decreto
(febrero, 1915) de un gobierno en el cual era masón sobre todo el
fanático nacionalista Nazim Bey. En 1922 el también masón Atartük
eliminó a 150.000 armenios más que se habían refugiado en Cilicia.
Piénsese en los cristianos perseguidos en nuestros días por el Estado
Islámico y su proyecto de «califato» sirio-iraquí.
¿Puede facilitar algunos datos sobre el influjo de la masonería en
la independencia de Hispanoamérica y en su evolución posterior?
Los principales factores de la independencia de la América española y
de Filipinas pueden resumirse en los siguientes: la imitación de la
independencia de EE.UU., la emergencia nacional española (Guerra de la
Independencia contra Napoleón), las aspiraciones de los criollos (hijos
de español e indígena o viceversa), el levantamiento de Riego y la
masonería que actuó en y detrás de las causas anteriores. Las primeras
logias en suelo americano de lengua española, ya antes de las luchas por
la independencia, se formaron en las islas del Caribe: la fundada en
Jamaica (año 1735) y en la Habana (Cuba) en 1762 por la masonería
inglesa, la de Martinica por la francesa (en 1935) y por una logia de
Pennsylvania (EE.UU.) en la isla Trinidad.
Desde la perspectiva masónica el cerebro e ideólogo de la
independencia sudamericana fue Sebastián Francisco de Miranda
(1750-1816), nacido de padre militar español en Caracas. En 1798 fundó
en Londres la logia Gran Reunión Americana. Entre sus miembros
descuellan Simón Bolívar (libertador de Venezuela, Colombia, Ecuador,
Bolivia, Perú), José San Martín (Argentina, Perú), Bernardo O´ Higgins
(Chile). A su vez, personalmente o por medio de amigos suyos, fundó en
1800 la logia Caballeros Racionales número 7 en Cádiz (España), a la
cual pertenecieron José San Martín, Manuel Belgrano (creador de la
bandera argentina), etc. Bernardo O´Higgins fundó a principios del siglo
XIX en Cádiz la Logia Lautaro en homenaje al cacique araucano Lautaro,
protagonista del poema épico de la conquista de Chile: La Araucana de
Alonso de Ercilla. Réplicas de la gaditana con el mismo nombre y
programa masónico-político (independencia de Chile y Perú pasando desde
Argentina) florecieron en Buenos Aires, Córdoba, Mendoza, Santa Fe,
Lima, Santiago de Chile, etc.
«Las logias dirigentes de América meridional hicieron frente común
con las logias de América septentrional, primero para vencer a la Corona
de España y después a la Iglesia católica. De este modo nació la
dependencia –que marcará toda la historia y que continúa hasta hoy- del
Sur respecto del Norte (Estados Unidos)» (Vittorio Messori, Las leyendas
negras de la Iglesia, Planeta, Barcelona 1996, p. 45-52). Dos masones:
Jorge Blascke y Santiago Río (La verdadera historia de los masones,
Planeta, Barcelona 2006, p. 139) reconocen: «Es importante mencionar que
al igual que Napoleón utilizó las logias masónicas existentes para
controlar su imperio, Gran Bretaña las utilizó para controlar la
Commowealth».
Es evidente el influjo de la masonería en la evolución posterior de
los países hispanoamericanos hasta nuestros días, especialmente en
Méjico, Uruguay, etc., (cf. Masonería, religión y política, pp. 239-258)
y su animosidad contra la Iglesia católica. Algunos gobernantes masones
han cedido a la tentación de dividir a la Iglesia católica procurando
concentrar en su persona el poder supremo en todos los ámbitos, también
en el religioso, mediante la fundación de las llamadas «iglesias
nacionales» o «patrióticas, por ejemplo, el presidente mejicano Plutarco
Calles en 1925, la Iglesia Justicialista Argentina (año 1955) en el
periodo final del gobierno de Domingo Perón, proyectada por Pedro Ruiz
Badanelli, sacerdote andaluz residente en Santa Fe (Argentina). Al
retornar el peronismo al poder, la nostalgia de una iglesia nacional
peronista cuajó en la Iglesia Católica Apostólica Americana dirigida por
Pedro R. Badanelli y por José López Rega, miembro de la logia
encubierta italiana P2 y adepto de la secta esotérica Anael. En junio de
1970 fundaron la Iglesia Católica Apostólica Argentina, que todavía
conserva una existencia residual en algunas zonas bonaerenses. Evo
Morales pretende (año 2013) instaurar en Bolivia una iglesia nacional,
la Iglesia Católica Apostólica Renovada del Estado Plurinacional,
expresión de la religión de la Pachamama (diosa Madre Tierra»). Defiende
el matrimonio de los homosexuales, también de los sacerdotes, el
aborto, etc. Su «arzobispo primado» será Ariel Ticona, sacerdote
expulsado de la Iglesia católica por su mal comportamiento. Recuérdese
la actitud prepotente y hostil de Hugo Chávez hacia la Iglesia católica
en Venezuela; consiguió iniciarse en la masonería, aunque alguna vez
había sido rechazado, según ha revelado Michel Barrat, Gran Maestro de
la Gran Logia de Francia.
¿Y concretamente qué puede decirnos de la masonería en Chile?
Ya he aludido a la presencia de la Logia Lautaro en Santiago de Chile
y a su vinculación con Chile hasta por su misma denominación. Al menos
14 presidentes de los gobiernos chilenos han sido masones desde Manuel
Blanco Encalada, considerado el primer presidente de la República
chilena por los masones, hasta Salvador Allende y la actual presidenta,
Michelle Bachelet. En Chile hay ahora unos 40.000 masones. La Obediencia
o rama masónica más importante es la Gran Logia de Chile (GLCh),
fundada en 1862 con 90 logias y triángulos (se llama así –no logia- el
grupo de masones con menos de seis miembros, a veces no pueden ser más,
por ejemplo, en un barco) en 1959, 197 en el 2012. Otras Obediencias: la
Gran Logia mixta (hombres-mujeres) de Chile con 40 logias y triángulos
(algunos de estos con miembros en Perú), la Gran Logia Femenina de Chile
(de solo masonas), el Gran Oriente Masónico Chileno. La masonería ha
prestado siempre suma atención a la formación de los niños y jóvenes,
empeñada en imponer en la medida de lo posible la «educación/escuela
laica (laicista)».
Algunos medios se hicieron eco de que masones habían aplaudido la
elección del papa Francisco, ¿tendría algún fundamento una posible
vinculación o bien es expresión de que este Pontífice quiera llegar a
todas las «periferias», sean de cualquier signo? ¿Qué retos y normas de
prudencia deberían llevar a los católicos a secundar esto conservando la
identidad católica?
Tras la elección del papa Francisco fue sorprendente la reacción
jubilosa de personas y de medios de comunicación social tradicionalmente
indiferentes e incluso hostiles hacia la Iglesia. Habría sido
plenamente satisfactoria si no hubiera habido otras personas,
generalmente católicas practicantes –también de personalidades
influyentes en la opinión pública-, preocupadas y desconcertadas por la
espontaneidad del papa Francisco en algunas palabras y gestos suyos, a
veces interpretados fuera de su contexto. He tenido bastantes consultas
de personas de ambos grupos, ciertamente más del segundo que del
primero.
¿Cómo proceder? pregunta. Jesucristo comparó «el reino de los
cielos», su Iglesia, con «la semilla sembrada en un campo» (Mt
13-24-32). En orden a la cosecha, lo decisivo es la semilla misma y su
dinamicidad interna, o sea, la virtualidad por la cual una bellota se
transforma en encina, el embrión humano en un hombre adulto, si no es
tronchado, abortado. Quien siembra trigo cosecha trigo, poco o mucho
pero trigo, no patatas ni racimos de uvas. Lo importante y decisivo en
la Iglesia es su ser mismo, su dinamicidad recibida de su fundador,
Jesucristo. Pero la abundancia o escasez de la cosecha está condicionada
también por el entorno: calidad del «campo» o terreno, la lluvia, el
clima. La Iglesia debe conservar el Depositum fidei y transmitir el
mensaje evangélico, Jesucristo mismo. Pero la eficacia apostólica
depende también de su adaptación al entorno sociocultural. Se resume en
el principio formulado por Benedicto XV: «No nova, sed noviter»
(encíclica Ad beatissimi, 1.10.1914), o sea, «no verdades/normas éticas
nuevas» en cuanto a su contenido, sino las verdades de siempre expuestas
«de modo nuevo», renovado, adaptado a la actual circunstancialidad
histórica. No cabe duda que el entorno sociocultural ha cambiado
notablemente respecto al de hace un siglo o poco más. El clima o
paradigma cristiano de entonces está siendo sustituido por otro
relativista, sincrético, laicista y naturalista, o sea, masónico. Por lo
mismo, toca insistir en «la nueva evangelización». Puede surgir así la
tensión, la división interna y hasta la ruptura.
Los llamados «pecados históricos» de la Iglesia, o sea, los cometidos
por sus hijos a lo largo de su existencia bimilenaria, de los que pidió
perdón san Juan Pablo II (guerras de religión, métodos coactivos de la
Inquisición, divisiones internas en la Iglesia, violencias durante las
Cruzadas, etc.), coinciden siempre en su genética, a saber, el contagio
de lo que nuestro entorno sociocultural tiene de no cristiano ni
auténticamente humano: el relativismo, el laicismo, el sincretismo
religioso, el naturalismo, la alteración grave de la sexualidad humana y
de su ética, la cultura de la muerte, la marginación de los pobres (de
dinero, de cultura, de salud, etc.) y más necesitados. Es necesario
adaptarse, pero arriesgar la dinamicidad interna de la Iglesia sin
fidelidad a su misión y mensaje, dejaría de ser la Iglesia de
Jesucristo.
A todos los católicos nos toca adaptarnos a la nueva
circunstancialidad, pero tratando de ser santos y apóstoles; orar por la
unidad interna de la Iglesia vertebrada en torno al Papa y a los
obispos en comunión con él con fidelidad a su magisterio y gobierno;
orar por el Papa, por su persona e intenciones como el mismo insiste sin
cesar desde su primer aparición pública el día de su elección; no
dejarnos arrastrar por el prurito de lo nuevo solo por ser novedoso y,
en fin, incluso exponer nuestro parecer pensado y orado que la
tecnología moderna facilita tanto. Si los papas del Renacimiento,
contagiados del clima de su tiempo, hubieran sido más orantes y
evangelizadores y menos promotores de obras de arte y defensores
político-militares de los Estados pontificios, ¿habría prendido la mecha
encendida por Lutero, entre otros pretextos, por la cuestión de las
indulgencias en parte de finalidad crematística y artística? Recuérdense
las peripecias entre el papa Julio II y Miguel Ángel en la película El
tormento y el éxtasis. En situaciones cruciales los santos son los que
aciertan a intervenir en sintonía con el querer de Dios, también los que
hacen la corrección fraterna, incluso a los papas, a veces con palabras
un tanto desabridas aunque sin chismorreos, por ejemplo, santa Brígida,
santa Catalina de Siena (papas en Avignon) sin olvidar a quien merece
ser declarada oficialmente santa: Isabel la Católica (Alejandro VI).
Siempre hay que aplicar la sentencia atribuida a san Agustín después
que lo hizo san Juan XXIII –aunque sin especificar la cita- en su
primera encíclica Ad Petri cathedram, pero que pertenece a un autor del
siglo XVII: «In necessariis unitas, in dubiis libertas et in omnibus
caritas», o sea, «en lo esencial, unidad; en lo opinable, libertad; y en
todo (o siempre), caridad», comprensión.
Texto extraído de: http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=22317