PELIGRO: Nueva Era, Gnósticos y esotéricos

Libro: Jan Van Helsing - Las Sociedades Secretas y su poder en el Siglo XX

Autores: Osho, Pablo Coelho

Documental: Peter Joseph - Zeitgeist

miércoles, 8 de octubre de 2014

¿España es oficialmente laicista?




Invito al lector a dedicar un rato a reflexionar  sobre la pregunta anterior, luego a responderla por su cuenta y, por fin, a leer las siguientes observaciones.

I. UNA CIERTA ASEMEJACIÓN E INTERDEPENDENCIA ENTRE LA SOCIEDAD  Y SUS GOBERNANTES

La respuesta a la pregunta del título, a primera vista y a mi juicio, es negativa si por España se entiende la sociedad española; afirmativa si se refiere al Estado (el rey, los órganos de gobierno, etc.,). Luego puede afirmarse que España “oficialmente” es laicista. Lo es desde el 19.VI.2014. Pero, conserva su vigencia el verso hexámetro y sentencia ya clásica: Regis ad exemplum totus componitur orbis, “El mundo entero se va estructurando  conforme al modelo del (que es el) rey”, el gobernante. Téngase además en cuenta que este discurso del rey ha sido “supervisado” por el gobierno (del PP) y por el responsable del partido de la oposición (PSOE), es decir por los representantes de la gran mayoría de los españoles. Por consiguiente, también la sociedad española es laicista, al menos de modo indirecto.

España es la nación que más ha contribuido a la difusión del evangelio y de la fe católica (América, Filipinas, Guinea Ecuatorial, etc.,). La evangelización ha sido como la razón histórica de España y una de las notas definitorias de la hispanidad. Tiene razón Menéndez Pelayo: “España evangelizadora de la mitad del orbe (…). Esa es nuestra grandeza y nuestra unidad; no tenemos otra. El día en que acabe de perderse, España volverá al cantonalismo de los arevacos y de los vectones o de los reyes de Taifa. A este término vamos caminando, y ciego será quien no lo vea”[1]. Pero, si se sigue por el carril del laicismo, se cambiará la dirección y se realizará el proceso inverso; a la expansión de la fe cristiana sucederá la contracción, la condena de esa misma fe a una especie de arresto domiciliario, recluida en el foro de la conciencia y dentro de los templos. ¿Cómo es posible que no se haya levantado ninguna voz autorizada civil o religiosa, eclesiástica, alertando el cambio de rumbo y de sus consecuencias?

II. “NO HABLAR CON PROPIEDAD DAÑA TAMBIÉN AL ALMA” (Sócrates)

Una vez más tiene razón el gran Sócrates. No hablar con propiedad perjudica evidentemente al léxico y, además, al espíritu humano, a la concordia y al buen entendimiento entre los hablantes. Pero cómo “hablar con propiedad” cuando el mismo significante admite significados diversos y hasta contradictorios en el mismo texto y contexto. Es lo que ocurre con los términos “laicidad, laicismo, laico/laica, laicista, aconfesional”, etc. ¿Será posible un acuerdo en esta materia?

III. CONFESIONAL, ACONFESIONAL, LAICO, LAICISTA

3.1. Confesionalidad, confesional 

Un Estado es “confesional” si reconoce una sola “confesión” religiosa, una única religión, generalmente la mayoritaria en su país. Entonces quedan marginadas las minorías religiosas y anulada la libertad religiosa. El introductor de la confesionalidad cristiana en el Imperio romano fue un hispano, nacido en Coca (Segovia), el emperador Teodosio (año 385); el último en mantenerla en una nación, otro español Francisco Franco. Actualmente ningún Estado es confesional católico. En cambio, inexplicablemente parece normal el anacronismo de los países mayoritariamente luteranos y el del anglicanismo británico con la conjunción del supremo poder político y religioso en la misma persona (rey o reina).

3.2. Aconfesionalidad, aconfesional 

La “aconfesionalidad” consiste en que el Estado no profesa una religión determinada, sino que crea el clima propicio para que cada ciudadano pueda profesar, vivir y propagar sus creencias religiosas o no creencias en plena libertad religiosa con tal que no perturben la convivencia pacífica ni el bien común. “Aconfesionalidad” es sinónima de “laicidad”, una contribución  del cristianismo a la cultura europea y a la humanidad. No ha existido ni existe en las religiones y cultura grecorromanas, ni en el judaísmo, ni en el islam, etc.

3.3. Laicidad, laico, laicismo, laicista[2]

La palabra “laicidad” (y sus correspondientes en los demás idiomas) fue introducida en el léxico católico en torno al año 1925. Quedó consagrada unos veinte años más tarde cuando el episcopado francés distinguió cuatro acepciones de laïcité en su Carta pastoral (1, noviembre, 1945)[3], promulgada para orientar a los franceses católicos que se estaban planteando el problema de conciencia de votar o no la Constitución de la IV República francesa porque se definía como laïque, “laica”.En cuanto compatible con la fe católica la laicidad se basa en la entidad profana de las realidades temporales por su condición de criaturas de Dios (Génesis, cap.1)[4] y en la diferenciación entre “lo de Dios” y “lo del César” (emperador, suprema potestad civil) (Mt 22,21)[5]. La laicidad proclama la autonomía de lo temporal y terreno (realidades y actividades políticas, culturales, sociales, comerciales, etc.,) respecto del clero, no de Dios ni de lo divino como pretende el laicismo. Este –de origen e impronta masónica- trata de recluir lo religioso de cualquier religión concreta, también del cristianismo, muy especialmente del catolicismo en el foro de la conciencia individual, así como dentro de los templos y en sus “sacristías” o aledaños. Reserva los espacios públicos (calles, colegios, hospitales, etc.,) para lo común a todas las religiones, que es inexistente como tampoco existe lo común a todos los idiomas.

La masonería usa “laicidad, laico, laica” con el significado de “laicismo, laicista”. Para que –en francés- “laicidad” sea sinónima de “aconfesionalidad” debe adjuntársele el calificativo “positiva” u otro similar. En la traducción de escritos franceses, como por inercia, se tiende a traducir laïcité, laïque por “laicidad, laico” aunque de ordinario “laicismo, laicista” sea su significado acertado. En español el léxico vulgar sigue hablando de “escuela laica, constitución laica, sociedad laica, leyes laicas” dotando al adjetivo “laica” del mismo significado que le dio la masonería en los siglos XVIII-XIX, o sea, “laicista” con su sentido anticristiano e incluso antirreligioso sin que las feministas radicales protesten por semejante discriminación. No obstante, empieza a generalizarse su significado originario en griego y latín hasta el Medioevo, es decir, “laico, laica” como designación del miembro masculino y femenino del laós = “pueblo” (cristiano).
El laicismo se está transformando en una religión, al menos en el sentido simbólico o metafórico de esta palabra con el relativismo como su dogma básico. Pero, en las sociedades religiosamente pluralistas, el Estado debe ser neutral o aconfesional en lo religioso. No debe tratar de imponer una religión concreta, ni lo común a todas las religiones, ni intentar convertirse en religión formal o –en los países católicos- en sustituto de la Iglesia, o sea, no debe caer en el fundamentalismo laicista, que, aunque de signo opuesto, es similar en cuanto al atropello de los derechos humanos y de efectos tan nefastos como los del fundamentalismo religioso, por ejemplo el del islam radical. Pero, en un país pluralista, si es democrático, la democracia exige relaciones peculiares con la religión mayoritaria. No son democráticos casos que se han dado. En una clase de 45 alumnos, solamente a uno le molesta el crucifijo de su aula. La solución verdaderamente democrática y adecuada no puede ser pisotear el derecho de la casi totalidad por respetar el de uno solo.

IV. ¿EL  ESTADO ESPAÑOL ES LAICISTA?


4.1. La proclamación laicista del rey Felipe VI

El Estado español, según la constitución española de 1978, no es laicista, sino aconfesional. Pero el nuevo rey de España, Felipe VI, pronunció un discurso muy importante el día 19 de julio del 2014, inaugural de su reinado. Cuando se pidió su calificación, alguien sentenció: “un diez por lo que dijo y por la forma de decirlo; un cero por lo que no dijo ni hizo”. No mencionó a Dios, ni a Jesucristo, ni a la Iglesia católica, ni ninguna otra religión (judaísmo, islam, protestantismo, etc.,), ni se refirió a la ingente labor caritativa, educativa, sociocultural, etc., de la Iglesia, ni a la fe cristiana impulsora de la historia de España (ocho siglos de la Reconquista, la evangelización de América, etc.,). Tampoco prestó su juramento sobre la Biblia ni ante el Crucificado[6]. ¿”Los tiempos nuevos”, fórmula usada varias veces en el discurso regio, son los marcados por el laicismo?

Hace pocas década solía decirse: “los españoles son más papistas que el Papa” por su entusiasta admiración hacia la persona del Papa y por la fidelidad a sus enseñanzas. Ahora podría afirmarse: “los gobernantes españoles son más laicistas que los promotores del laicismo, los masones”. Una prueba por comparación. Barack Obama, masón grado 32º cuando inauguró su primer mandato como presidente de EE.UU, prestó su juramento sobre un ejemplar de la Biblia y oró: “Que Dios ayude a Estados Unidos”. Lo mismo hizo al inaugurar su segundo mandato. Recuérdese la solemnidad de la coronación de la reina Isabel II en la catedral anglicana aunque su esposo era Gran Maestro de la Gran Logia Unida de Inglaterra, matriz de todas las Grandes Logias (una en cada nación y en cada Estado de EE.UU.).

4.2. Otros síntomas laicistas

Apenas fue aprobada por el Congreso de los diputados la abdicación de Juan Carlos I en la tarde del 11 de junio del 2014, los todavía Príncipes de Asturias visitaron la Residencia de Estudiantes en la colina de los Chopos (Madrid). Unos años antes, pocos días después del nacimiento de una de sus hijas, el príncipe Felipe visitó la Residencia de Estudiantes. ¿Por qué sus directivos no fueron al hospital a felicitar a los padres de la criatura como hicieron tantas otras personalidades? Es sabido que la Residencia de Estudiantes, “controlada” por la Institución Libre de Enseñanza, -creada por el masón Francisco Giner de los Ríos-, es un proyecto masónico como reconocieron los tres directivos del Gran Oriente de España en la presentación pública de la masonería en 1977 tras la muerte de Franco[7].

Con ocasión del discurso inaugural del reinado de Felipe VI, algunos medios de comunicación social han resaltado el hecho de que sus hijas estudian en un “colegio laico” y que no han sido matriculadas en clase de religión católica. Si su educación sigue en esta línea, ¿las futuras princesas, una de ellas reina de España, qué entenderán cuando visiten el Museo del Prado, las catedrales, etc., o lean las obras literarias del Siglo de Oro español, especialmente los autos sacramentales y los escritos de los grandes místicos castellanos? Como especializado en Filología Clásica he dedicado tiempo a contemplar las obras de tema mitológico del Museo del Prado, Louvre, etc. Las preguntas que a veces me hacían los desconocedores de la mitología grecorromana que por allí pasaban con cara de interrogación permanente y de indiferencia aburrida me ayuda a entender la frustración de los visitantes de esos mismos museos y de otros de temática predominantemente cristiana sin el conocimiento, al menos rudimentario del cristianismo, que puede adquirirse en las clases de religión.

4.3. Jesucristo, los gerasenos y la piara de cerdos

¿El príncipe Felipe, consciente del poderío político, etc., nacional e internacional de la masonería, trata de congraciarse con la masonería por medio de estos gestos y del laicismo de su proclamación como rey, o manifiesta así alguna vinculación peculiar con la masonería? Además, el rey conoce la suerte de su bisabuelo. El Gran Oriente de España propuso dos veces a Alfonso XIII su iniciación en la masonería. En una de ellas, doce miembros de la masonería internacional le presentaron un pergamino, firmado por uno de ellos, para que lo firmara también el rey. En el texto le pedían “su adhesión a la masonería; decretar que España sea un Estado Laico (laicista); para la reforma de la familia, legalizar el divorcio y decretar la instrucción pública laica (laicista)”. El rey respondió: “Esto jamás. Soy católico, apostólico y romano”. Al despedirse, el responsable replicó: “Lo sentimos. V.M. acaba de firmar su abdicación  como rey de España y su destierro”[8].

No es rara la pregunta que trata de averiguar si una personalidad es o no masón. Si no conozco la respuesta con certeza, suelo recurrir a la estancia de Jesucristo en la región de los gerasenos cuando “la legión de demonios”, expulsada de un endemoniado por Jesucristo, poseyó una piara de cerdos y se lanzó acantilado abajo ahogándose en el lago de Tiberiades. Los lugareños, enterados del desenlace, se acercan al Señor no sin cierto temor de ser fulminados y le piden que se marche de su comarca (Mc 5,1-20 et par.). Entre Jesucristo y el poder económico, los gerasenos escogieron la piara de cerdos. Cualquiera se enfrenta a una elección semejante en cualquier tentación e incitación a pecar. Henry Ford, tras el acoso masónico, escogió la salvación de su empresa automovilística iniciándose en la logia de Detroit[9].

Manuel  GUERRA  GÓMEZ

[1]En el prólogo (escrito en 1882) de su monumental Historia de los heterodoxo españoles…; Cf. también, Ramiro de Maeztu, Defensa de la hispanidad, Madrid 1934 (1ª edición).
[2]Cf. M. Guerra, Masonería, religión y política, Sekotia, Madrid 20135, 334-338; Tomás Prieto Álvarez, Libertad religiosa y espacios públicos. Laicidad, pluralismo, símbolos, Civitas Thomson Reuters, Madrid 2010, etc.
[3]Cf. su texto en “Documentation Catholique” 43 (1946) nº. 955.
[4]Negada por las religiones étnico-políticas, las telúrico mistéricas y las panteístas -hinduismo, jinismo, etc.- que divinizan respectivamente al Sol y los astros, la Tierra y la vegetación, el universo entero, así como por el budismo que es una religión agnóstica, cf. M. Guerra, Historia de las Religiones, B.A.C., Madrid 20145, 71-254.
[5]El judaísmo y el islam admiten la condición creatural del ser humano, pero rechazan la laicidad, Cf. Ibidem, 275-326.
[6]En cambio, tres días después de su proclamación, los reyes asistieron a una “Misa privada”, celebrada en su residencia, la Zarzuela. Se han dado las más diversas interpretaciones al calificativo “privada”. ¿”Misa sin fotografías? (de hecho no las hubo o, si las hubo, no se han divulgado)? ¿algo acordado antes de la proclamación para compensar el laicismo de la misma,  no después de ella para apaciguar la reacción fuertemente critica especialmente en la red (Internet)? ¿Una aplicación de la norma masónica que recluye lo cristiano en el ámbito privado? ¿Cómo si  no fueran reyes de España, sino unos individuos privados: Felipe de Borbón  y Leticia **? ¿Una mezcla de todas estas posibilidades según la perspectiva desde la cual se mire, a saber, la regia, la masónica, la episcopal o de los obispos celebrantes, etc., ? Descarto la posibilidad de una instrumentalización de la Sagrada Eucaristía al servicio de conveniencias sociopolíticas, aunque pudo darse al menos en alguna de las partes.
[7]Cf. M. Guerra, Masonería, religión  y…, 366-367, 391.
[8]Confidencia del rey al P. Mateo Crowley, apóstol de la entronización de imágenes del Corazón de Jesús, poco antes de que Alfonso XIII leyera la consagración de España al Corazón de Jesús en el Cerro de los Ángeles (año 1919). Además, algunos masones han reconocido que la negativa del rey a ser masón explica su salida de España en abril de 1931.
[9]Cf. M. Guerra, Masonería, religión y …, 200-201.

Texto extraido de: http://infovaticana.com/blog/manuel-guerra/espana-es-oficialmente-laicista/

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